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1 de Mayo de 2014
Calentamiento global

Volcanes pequeños, pero poderosos

GETTY IMAGES

El día de san Valentín, un volcán de Indonesia, el Kelud, explotó por los aires y cubrió de ceniza aldeas situadas a 500 kilómetros de distancia. Al mismo tiempo, inyectó una pequeña, pero significativa, cantidad de dióxido de azufre en la estratosfera, hasta una altura de 28 kilómetros. Las gotas diminutas de ácido sulfúrico reflejaban allí la luz solar que les llegaba, ayudando a enfriar el planeta. Esas «pequeñas» erupciones —como las de Manam, Soufrière Hills, Jebel at Tair y Eyjafjallajökull, por nombrar unas pocas de las 17 registradas entre 2000 y 2012— han contribuido en la disminución del ritmo del calentamiento global, según un trabajo publicado en Nature Geoscience.

«El repunte del vulcanismo a principios del siglo xxi ha contribuido claramente en la interrupción de la tendencia previa», según el científico de la atmósfera Benjamin Santer, del Laboratorio Nacional Lawrence en Livermore y autor principal del artículo. Este efecto no es solo atribuible a los volcanes. También ha influido una inusualmente baja actividad solar, la contaminación del aire producida por las centrales termoeléctricas de carbón chinas y los misteriosos procesos que acontecen en los océanos. Añade Santer que el efecto neto ha sido el de compensar parte del calentamiento que el ser humano provoca con la emisión de gases de efecto invernadero.

Mientras, el calentamiento global sigue ganando intensidad, encubierto por volcanes que en cualquier momento pueden clausurar sus cimas. Según se deduce de erupciones gigantescas pasadas, como la del Monte Pinatubo de Filipinas, en 1991, los aerosoles reflectores retornarán a tierra en unos pocos años como mucho, y el planeta quedará completamente expuesto a los procesos acumuladores de calor de los gases de efecto invernadero generados por la actividad humana.

Si los volcanes no hacen su trabajo, quizás haya que echar mano de un último recurso: nuestros propios aerosoles. Algunos partidarios de la geoingeniería quieren entrar en escena mediante la inyección en la estratosfera de aerosoles sulfatados, con el objeto de aumentar o sustituir el efecto de las erupciones. Estos pequeños y deliberados ajustes a escala planetaria se han concebido como un plan de emergencia en caso de que el cambio climático llegara a ser catastrófico, aunque al precio de sacrificar la capa de la estratosfera que ayuda a proteger la vida de la radiación ultravioleta. El ácido sulfúrico presente en el cielo a gran altitud tiene el inconveniente de eliminar el ozono. Aunque, teniendo en cuenta la inercia en la reducción de la contaminación de efecto invernadero, el debate sobre la geoingeniería persistirá sin duda durante más tiempo que los efectos de esas pequeñas erupciones volcánicas.

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