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1 de Mayo de 1986
Física de partículas

El supercolisionador superconductor

Hacia 1995 podría estar construido un acelerador 20 veces más potente que el mayor de los hoy existentes. Analizaría la materia con un detalle sin precedentes y recrearía las condiciones que acompañaron el instante inicial del tiempo.

Estamos en el año 1995. Una zona de pastoreo, una explotación agraria o una pradera apenas si dejan entrever que, bajo su piel, corre un túnel en forma de anillo de 85 kilómetros de longitud y de luz suficiente para andar por su interior. En el interior del túnel, un pequeño tranvía facilita las tareas de mantenimiento de dos tuberías criogénicas de algo más de medio metro de diámetro cada una. Dentro de cada conducción hay otro tubo de vacío, mucho menor, por donde discurre un haz de protones mantenidos en su trayectoria mediante potentes imanes superconductores que rodean el tubo. En cada vuelta al anillo, la energía de los protones de los dos tubos del haz se incrementa mediante un pulso de radiondas. En 15 minutos, los protones se aceleran, a lo largo del anillo y en direcciones opuestas, más de tres millones de veces.

De repente se abren unas puertas electromagnéticas y las trayectorias de los haces se ven obligadas a cruzarse. Los protones chocan a pares y parte de la energía de la colisión puede transferirse a una región de diámetro 100.000 veces menor que el diámetro de un protón, a un ritmo que excede, en mucho, a la potencia instantánea de salida de todas las centrales energéticas de la Tierra. Allí, durante un intervalo brevísimo —que es al segundo lo que un segundo es a 100.000 veces la edad del universo—, tendremos una visión instantánea del universo en el momento de su creación. La energía que se concentrará en aquella región y en aquel instante sólo se encuentra hoy entre los rayos cósmicos menos habituales. Tal concentración de energía constituía, sin embargo, el estado del universo transcurridos 10-16 segundos después de la gran explosión. Nuevas partículas elementales que podrían materializarse a partir de esa energía permitirían elaborar una explicación del origen de la masa.

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