El galeón español

La riqueza de la tecnología de las naves españolas se resume en los galeones que fueron la guardia de la Carrera de las Indias y de las armadas en Europa.

La palabra galeón evoca la imagen de barco español que traía tesoros de América y era presa atractiva para corsarios, piratas, filibusteros y bucaneros. Se le supone lujoso, navegando en apretada formación entre el Caribe y la Península. Es el efecto publicitario del cine y de la imagen emitida a distancia, que han substituido a la lectura de la novela histórica, tradicionalmente indocumentada en este tema.

La realidad del galeón fue muy diferente, y también muy variada a lo largo de su historia. Para empezar, no había un prototipo único, ni el español era el usado por otras naciones europeas. Hasta mediados del siglo XV, las naves mediterráneas no difieren mucho de las que se han utilizado para la navegación costera, en ese mar interior, desde los tiempos de Grecia y Roma. Sólo la influencia oriental, mediada por los árabes, substituye la vela cuadra por la latina en las "galeras" y las "carabelas". En el otro extremo de Europa, las atlánticas mantienen una navegación costera y presentan bordos más altos y mayores bodegas.

Antecedentes del galeón, y muchas veces confundidas con éste, durante la primera mitad del siglo XVI conviven en los mares de Europa tres tipos de naves de gran porte: cocas, carracas y naos. Las "cocas hanseáticas", destinadas al comercio, eran vasos con proa recta y cuya popa redonda resulta de cerrar la tablazón del costado a tingladillo (es decir, solapando las tablas superiores a las inferiores, como las tejas); con un solo mástil muy grande y un castillo en la proa (construcción elevada sobre la cubierta, que se empleaba en el combate cercano). Se usaron en el tráfico casi costero del norte. Piratas de Bayona la llevaron en 1304 al Mediterráneo.

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