Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2019Nº 509
Apuntes

Cognición animal

Gratuito

Personalidad asesina

A pesar de su lejanía evolutiva, las orcas y los chimpancés muestran rasgos de la personalidad asombrosamente similares.

Menear

A todo aquel que haya cursado estudios de psicología o haya completado algún test virtual le sonarán los «cinco grandes» rasgos de la personalidad: apertura a lo nuevo, responsabilidad, extroversión (o sociabilidad), amabilidad e inestabilidad emocional (o neuroticismo). Si, por ejemplo, uno se identifica con la afirmación «Hablo con gente de todo tipo en las fiestas», podría arrojar una puntuación alta en extroversión. Se cree que la personalidad del individuo es bastante estable en la edad adulta, y la idea de que pueda ser medida con un número reducido de factores se remonta al menos a hace un siglo.

Pero la humana no es la única especie cuya personalidad se presta a la cuantificación; los cuidadores de zoológicos, refugios de fauna y otros centros de cría en cautividad evalúan con frecuencia la personalidad de los animales, a lo largo de meses o años de observación y de relación con ellos. Las características del test varían de una especie a otra (por ejemplo, a los tritones se les puede valorar por su libido, y a los peces cebra y los macacos de la India, por su osadía), pero la idea de que es posible describir la personalidad con un pequeño conjunto de factores sigue siendo la misma. Ahora las investigaciones apuntan a que animales tan dispares como el chimpancé y la orca muestran perfiles de personalidad sorprendentemente similares.

Un equipo de investigación dirigido por Drew Altschul, primatólogo de la Universidad de Edimburgo, ha reunido evaluaciones de la personalidad de chimpancés a lo largo de un cuarto de siglo. Después de someter los datos de 538 chimpancés a un modelo estadístico, Altschul y sus colaboradores han descubierto que la personalidad de este simio puede reducirse a los mismos cinco rasgos aplicables a los humanos, más un sexto denominado dominancia, que refleja la destreza competitiva y la competencia social de los grandes simios. Los resultados se publicaron el pasado octubre en la revista virtual eLife.

Que el chimpancé y el ser humano compartan perfiles de personalidad similares no deja de tener cierto sentido, puesto que ambos guardan lazos estrechos. Pero ¿qué puede decirse de parientes más lejanos? La primatóloga Yulán Úbeda, de la Universidad de Gerona, andaba hace poco preparando una conferencia para el personal del zoológico Loro Parque, de las islas Canarias. Quiso comprobar si se había hecho algún estudio de la personalidad con orcas, una de las grandes atracciones del parque. «No solo no había estudios sobre su personalidad», afirma, sino que los únicos llevados a cabo en cetáceos se limitaban al delfín mular, y en ellos no se usaron técnicas estadísticas para reducir las medidas de la personalidad a unos pocos factores. Úbeda pidió a los entrenadores y a los investigadores a cargo del cuidado de 24 orcas en tres centros de España y EE.UU. que completaran un cuestionario concebido en un principio para evaluar la personalidad del chimpancé (distinto al de Altschul).

La personalidad de la orca se divide en cuatro rasgos, según el estudio de Úbeda, que vio la luz el noviembre pasado en Journal of Comparative Psychology. Los tres primeros son extroversión, dominancia y prudencia; el cuarto puede considerarse una combinación de responsabilidad y amabilidad. Cuando la científica comparó esos resultados con los de su investigación precedente con chimpancés, halló que la composición de la personalidad de las dos especies era bastante similar (aunque la personalidad del chimpancé se compone de seis factores, no de cuatro).

A la vista de las diferencias tanto en el hábitat como en la neuroanatomía de las ballenas y los chimpancés, por no mencionar los 94 millones de años que les separan de evolución, Úbeda confiesa que no esperaba que los rasgos de la personalidad de los dos coincidieran tanto entre sí, ni tampoco con los de los humanos. Aun así, «hay algo en su entorno social que ha contribuido a esa semejanza», opina Justin Gregg, investigador del Proyecto de Comunicación del Delfín, ajeno al estudio. Según él, el chimpancé y la orca se caracterizan por una cognición compleja, un cerebro voluminoso respecto al peso corporal y el aprendizaje cultural (rasgos que también presenta nuestra especie), aparte de unas estructuras sociales parecidas.

Entender la personalidad no es solo un ejercicio intelectual. En la especie humana existe un vínculo conocido entre la personalidad y la esperanza de vida, y Altschul ha hallado una pauta análoga en el chimpancé. «El principal hallazgo es que los machos que destacan por su amabilidad viven más que los que no lo son tanto», afirma. Los chimpancés tienen una reputación de agresividad, pero los individuos que son «simpáticos, serviciales, sensibles, protectores y gentiles» tienden a ser más longevos, explica. Altschul manifiesta prudencia y señala que es una mera correlación estadística: hasta hoy se ignora la relación subyacente entre la personalidad y la longevidad en los grandes simios.

El psicólogo de la Universidad Duke Paul Costa, que no ha participado en el estudio anterior, destaca la relevancia de la cultura humana en el aumento de la esperanza de vida y apunta al posible efecto de la cautividad a la hora de explicar los resultados de los chimpancés. «La principal dimensión de la personalidad relacionada con la longevidad humana es la responsabilidad, una asociación que no se ha constatado en esta población de chimpancés», explica. Ese vínculo en los humanos tal vez se relacione con los hábitos de salud. «Las personas más responsables practican más ejercicio, vigilan lo que comen, no fuman y no beben en exceso», explica. Pero en cautividad, «incluso los chimpancés más desidiosos disfrutan de una buena alimentación y de atención veterinaria», matiza Costa, «sean responsables o no.»

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados

Revistas relacionadas