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1 de Noviembre de 2002
Fisiología

El tiempo biológico

Con su cómputo en minutos, meses o años, los relojes biológicos mantienen en punto el funcionamiento del cerebro y del organismo entero.

En síntesis

Hay en el cerebro un "cronómetro" que detecta intervalos de segundos, minutos y horas.

Otro medidor de tiempo, más parecido a un reloj que a un cronómetro, sincroniza muchas funciones corporales con el día y la noche. Este mismo reloj podría dar cuenta del trastorno afectivo estacional.

Un reloj de arena que gobierna el número de veces que puede dividirse una célula podría imponer una cota a nuestra longevidad.

El psicobiólogo John Gibbon solía llamar al tiempo "el contexto primordial": un hecho incrustado en la vida y experimentado por todos los organismos de cualquier época. Para la flor que extiende sus pétalos al amanecer, para los gansos que vuelan al sur en otoño, para las langostas que se asocian en enjambres cada 17 años, e incluso para los mohos del suelo que esporulan en ciclos diarios, la sincronización lo es todo. En el organismo humano los relojes biológicos marcan los segundos, los minutos, los días, los meses y los años. Gobiernan los movimientos de fracción de segundo de un servicio en el tenis y explican los desarreglos producidos por el cambio de los husos horarios en los viajes, la aparición mensual de las hormonas menstruales y los accesos de melancolía que nos llegan con el invierno. Los cronómetros celulares pueden decidir incluso cuándo se apaga nuestro tiempo y morimos.

Los marcapasos implicados divergen entre sí no menos que un reloj solar y un cronómetro. Los hay exactos e inflexibles. Otros, aunque no tan fiables, se hallan sujetos a un control consciente. Algunos se activan por ciclos planetarios, otros por ciclos moleculares. Son esenciales para la mayoría de las complejas tareas que realizan el cerebro y el organismo. Los mecanismos de determinación de los ritmos nos ayudan a entender el envejecimiento y la enfermedad. El cáncer, la enfermedad de Parkinson, la depresión estacional y el problema de la deficiencia de atención se han vinculado a fallos en el funcionamiento de los relojes biológicos.

El cronómetro psicoactivo

Si este artículo despierta la curiosidad del lector, el tiempo que le dedicará transcurrirá veloz. Se le hará eterno, si le aburre. Tiene la culpa un "cronómetro" de nuestro cerebro — reloj de intervalos— que identifica lapsos que van de segundos a horas. El reloj de intervalos ayuda a calcular la velocidad con que debemos correr para llegar al balón en el campo de juego. Nos dice cuándo hemos de aplaudir nuestra canción favorita. Nos hace sentir cuánto tiempo podemos seguir en la cama después de que haya sonado el despertador.

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