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El tiempo mental

En su cómputo intervienen diversas estructuras cerebrales, que organizan cronológicamente nuestros recuerdos.

El despertador nos levanta a una hora determinada; el día entero lo viviremos a partir de ese momento gobernados por el tiempo: reuniones, visitas, conferencias telefónicas, almuerzos, citas establecidas a una determinada hora. Podemos coordinar nuestras propias actividades con las de otros porque todos, implícitamente, estamos de acuerdo en seguir un mismo sistema para medir el tiempo, el que se basa en la inexorable salida y puesta del Sol. En el curso de la evolución, los seres humanos han desarrollado un reloj biológico sincronizado con ese ritmo alternante de luz y oscuridad. Está en el hipotálamo del cerebro y gobierna lo que yo llamo "tiempo corporal".

Pero hay también otro tipo de tiempo. "El tiempo mental" es el correspondiente a nuestra experiencia del paso del tiempo y nuestra organización cronológica del mismo. A pesar del continuo tic-tac del reloj, el paso del tiempo puede parecer rápido o lento, corto o largo. Y esta variabilidad se da a diferentes escalas, se trate de décadas, estaciones, semanas y horas, o de los más breves intervalos de la música (la duración de una nota o el momento de silencio entre dos notas). También situamos los acontecimientos en el tiempo, decidiendo cuándo ocurrieron, en qué orden y a qué escala, si la de toda una vida o la de unos segundos.

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