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1 de Julio de 2004
Aritmética

La prueba del nueve

Los pitagóricos y los alumnos de primaria, los matemáticos árabes y los algebristas del Renacimiento han aplicado la prueba del nueve. ¿Es una receta mágica?
En la clase el ambiente es tenso. El maestro, severo pero justo, permanece en un extremo de la tarima. El niño, ante el gran pizarrón negro, gacha la cabeza, trata de esquivar la mirada de reproche que le lanza su instructor. "Vamos a ver... ¿estás seguro de que 171 x 231 son 39.401?", le pregunta, impaciente la voz. La respuesta es tímida. "Esto... ¿sí, señor?". El maestro estalla. "¡Pequeño cabestro! ¿No te das cuenta de que te has equivocado? ¿Te has olvidado de la prueba del nueve?" El niño, aterrorizado, guarda un silencio culpable y siente revolotear sobre sí la amenaza del castigo. La sentencia no tarda en llegar. "Abre la mano", ordena el profesor, que golpea con su larga regla de hierro la palma infantil...
Dejemos al pequeño en su doloroso trance. En nuestros días, los maestros son menos severos y la "prueba del nueve" carece de significado para los escolares, que ahora utilizan siempre la calculadora para obtener el resultado de operaciones fastidiosas. Como ya no está en boga, antes de repasar su historia diremos en qué consiste.

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