La formación de cristales de nieve

Sutiles procesos moleculares gobiernan el crecimiento de una amplia variedad de estructuras del hielo muy elaboradas.
Lo mismo una bandeja de cubitos en el congelador que la superficie de un lago en crudo invierno, el hielo adquiere la forma de su recipiente. Pero cuando se trata de copos de nieve, la mera congelación del agua produce resultados completamente distintos: una impresionante diversidad de formas complejas que siguen ciertos patrones. No hay dos copos de nieve iguales. Basta contemplar un día de nevada para evocar las sensaciones que movieron a Henry David Thoreau a exclamar: "¡Cuán lleno del genio creativo está el aire donde se generan! No me admiraría más si cayesen estrellas del cielo para posarse sobre mi abrigo".
El agua es una sustancia común, tanto que cabría suponer que ya lo sabemos todo del "genio creativo" de Thoreau, es decir, del modo en que los copos de nieve desarrollan sus estructuras complejas. La verdad es que nos hallamos lejos de explicar, siquiera en términos cualitativos, la formación de esas diminutas esculturas de hielo.

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