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Urano

El gigantesco planeta verde-azulado, que el Voyager 2 visitó el pasado año, tiene un polo dirigido hacia el Sol. Su campo magnético está inclinado, su atmósfera es densa y gélida y sus vientos se asemejan a los de la Tierra.

Urano, en contraste con todos los demás planetas del sistema solar, gira de lado, es decir, su eje de rotación casi descansa en el plano de su órbita; los ejes de rotación de los demás planetas son todos aproximadamente perpendiculares al plano orbital. ¿Cómo se produjo la anómala orientación en Urano? ¿De qué modo afecta ello a la circulación atmosférica? ¿Tiene el planeta campo magnético? Si es así, ¿cuál es su orientación? Estas son algunas de las preguntas a las que pretendía dar respuesta la misión del Voyager 2, durante los meses inmediatos al punto de máxima proximidad de Urano, el día 24 de enero de 1986 [véase «Encuentro del Voyager 2 con Urano», por Richard P. Laeser, William I. McLaughlin y Donna M. Wolf; Investigación y Ciencia, enero de 1987].

El encuentro planteó más preguntas nuevas que respuestas ofreció, aunque suministró, por fortuna para nosotros, abundancia de ambas. A veces es difícil llevar al ánimo de un público impaciente la idea de que así es como deben suceder las cosas. Durante la jubilosa conferencia de prensa que los investigadores del Voyager mantuvieron el día 27 de enero de 1986, uno de los reporteros se mostró preocupado por el hecho de que los científicos estuvieran todavía perplejos ante los nuevos descubrimientos, y preguntó por qué se tardaba tanto en explicarlos. Edward C. Stone, del Instituto de Tecnología de California, científico jefe del proyecto de la misión Voyager, replicó por todos nosotros. «Estamos felizmente perplejos», dijo. «Cuando más aprendemos es cuando vemos cosas que no podemos explicar fácilmente. Si uno ve cosas que puede explicar en seguida, probablemente no ha aprendido mucho. Ello significa que, seguramente, ya las sabía.»

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