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1 de Junio de 2015
Tecnología

Nuevas aplicaciones de la sonificación

La transformación de datos en señales audibles se está usando para detectar células cancerosas y partículas provenientes del espacio.

LYDIA WHITMORE

Hace tres años, el compositor Robert L. Alexander estaba sentado frente a su ordenador portátil escuchando un archivo de sonido que habría hecho dormir a la mayoría de la gente: se trataba de un tenue aleteo, similar al de una bandera lejana que ondease impulsada por una brisa constante. Este se repetía una y otra vez con oscilaciones en su volumen. A los cuarenta y cinco minutos, el aleteo cesó y fue sustituido por un sonido similar al del viento que sopla a través de un bosque. Según recuerda Alexander, era «el más impresionante de todos los silbidos».

De hecho, el sonido era una representación de algo semejante al viento: el viento solar, una virulenta ráfaga de partículas cargadas que el Sol arroja a razón de un millón de toneladas por segundo. En 2008, la sonda Wind de la NASA había medido el campo magnético creado por estas partículas mientras se acercaban a la Tierra. Este campo es completamente silencioso, pero su intensidad y dirección fluctúan. Alexander, estudiante de posgrado en la Universidad de Michigan, donde trabaja con datos solares, había aplicado su propio algoritmo para convertir esas variaciones en sonidos audibles.

Pero no lo hizo solo por su afición musical. A sus 30 años, Alexander forma parte de un creciente conjunto de investigadores dedicados a la ciencia de la sonificación: la conversión en sonido de datos que normalmente se representarían de forma visual o numérica. El oído, más que la vista, tiene una capacidad excepcional para captar diferencias sutiles en un patrón; ello es muy útil para el estudio de fenómenos que no son obvios en una presentación visual, como ciertas actividades astronómicas o determinadas diferencias entre células cancerosas y normales.

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