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  • Junio 2015Nº 465

Ciberseguridad

Sobrevivir en la ciberguerra

Primera regla: deja de pensar que otros te van a proteger.

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Quienes se dedican a la seguridad informática suelen decir que hay dos tipos de compañías: las que saben que han sido atacadas y las que aún no saben que han sido atacadas. Los titulares de los últimos años demuestran que esta broma se acerca bastante a la realidad. Los cibercriminales han robado los números de las tarjetas de crédito de varias compañías, incluidas Target, Home Depot y JGMorgan Chase. Expertos en seguridad informática han descubierto fallos en algunos de los pilares de Internet, como la reciente vulnerabilidad Heartbleed en la biblioteca criptográfica OpenSSL. Un ataque masivo a Sony Pictures Entertainment destruyó tantos datos que los mandó de vuelta a la época del papel y el lápiz. Los datos de más de 80 millones de usuarios de la compañía de sanidad privada Anthem fueron robados. Y estos son solo los incidentes que conocemos.

En los próximos años vamos a ver un crecimiento de los ciberataques, lo cual representa un problema para toda la población. Ahora que todos estamos de una forma u otra conectados al ciberespacio (a través de teléfonos, ordenadores y redes corporativas), somos vulnerables. Redes, servidores, ordenadores personales o cuentas en línea son un recurso básico para que los cibercriminales y Gobiernos husmeen. Una red corporativa u ordenador personal puede fácilmente convertirse en una herramienta más en el arsenal de los cibercriminales —o de los ciberespías pagados con dinero público—. Ordenadores vulnerables pueden convertirse en el origen del próximo ataque o en parte de una red de dispositivos en estado latente esperando a ser utilizados para lanzar un ataque de denegación de servicio o distribuir correo basura.

La respuesta habitual de los Gobiernos ante esas amenazas ha sido militarizar el ciberespacio, intentando someter el mundo digital a un control central. Pero esta estrategia está condenada al fracaso; de hecho, puede empeorar las cosas. La ciberseguridad guarda semejanza con un problema de salud pública. Las agencias gubernamentales como los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. desempeñan un papel fundamental a la hora de parar una epidemia, pero su trabajo resulta inútil sin la colaboración de los ciudadanos.

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