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  • Investigación y Ciencia
  • Junio 2015Nº 465

Informe especial El futuro de la medicina 2015

Nanomedicina

Un vendaje inteligente

Los nuevos materiales no solo protegerán las heridas, sino que alertarán de complicaciones y administrarán fármacos.

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Los soldados heridos habían recibido un tratamiento adecuado desde su vuelta de Afganistán. En el Centro Médico Militar de San Antonio, en Texas, los cirujanos habían realizado cuidadosos injertos de tejido sano en sus quemaduras y heridas, y mediante microcirugía habían conectado sus vasos sanguíneos con la piel nueva. Pero los pacientes todavía tendrían que hacer frente a una recuperación incierta, ya que quizá los vasos no lograran suministrar suficiente oxígeno para que los trasplantes prosperasen.

Cuando Conor Evans visitó San Antonio en 2010 y vio a esos soldados, se dio cuenta de que las técnicas clásicas para medir los valores de oxígeno no funcionaban muy bien y a menudo no advertían si el injerto fallaba. «Estos médicos llevan a cabo una labor impresionante», comenta Evans, químico de la Escuela Médica de Harvard y del Centro Wellman de Fotomedicina del Hospital General de Massachusetts, «pero los sensores que usan no son suficientemente sensibles».

Así que decidió crear un vendaje mejor. Se le ocurrió mezclar tintes que reaccionaran ante diferentes niveles de oxígeno con unas nanomoléculas que detectan la actividad del tinte. Obtuvo así un vendaje líquido que puede evaluar la salud de la herida a la que se aplica. «El líquido cambia de color como un semáforo; de verde a rojo pasando por ámbar, dependiendo de la cantidad de oxígeno presente en la herida», explica Evans. Después de ensayarlo con éxito en animales de laboratorio en 2014, prevé iniciar estudios con humanos este año.

Sirviéndose de las nuevas técnicas de manipulación de materiales nanométricos, él y otros investigadores pueden no solo mejorar el diagnóstico de una herida, sino también convertir las vendas en sistemas de administración de fármacos. «La nanotecnología ofrece la posibilidad de controlar la cantidad de fármaco liberada y aumenta la eficacia con la que este llega a cierta zona de la herida», apunta Paula Hammond, química del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Esta precisión supone un gran avance con respecto a la estrategia clásica de inundar zonas enteras del cuerpo con medicamentos, de los cuales solo algunos alcanzarán su objetivo.

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