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Actualidad científica

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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2008Nº 378
Taller y laboratorio

Materiales

Abrasión y desgaste

Mediante un simple proceso de frotamiento de un cuerpo contra otro obtenemos superficies de gran lisura.

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Un hallazgo temprano en la historia de la técnica fue el del proceso de abrasión. Mediante el simple frotamiento de dos piedras con la interposición de un abrasivo —arena en suspensión acuosa—, se obtuvieron las hachas pulidas típicas del Neolítico. Hoy, con esmeril (Al2O3), carburo de silicio (SiC), diamante y otros abrasivos, pueden erosionarse, en minutos, varios milímetros de material, por duro que sea.

La ciencia experimental requiere del concurso de componentes de fina precisión dimensional. Pensemos en el fulcro de una balanza mecánica, una lente o una sección delgada de un mineral. Tales elementos exigen asimismo un perfecto acabado superficial, que se consigue con la abrasión y el pulido.

El abrasivo consta, por lo común, de pequeños granos, poliedros minúsculos e irregulares con aristas que se clavan en el material tratado. En esos puntos se originan grietas y microfracturas, que terminan, si el sustrato es vítreo y duro, en formaciones concoideas; si el abrasivo opera sobre un metal, en cambio, se arrancan las finas virutas características de los sólidos plásticos y fluentes.

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