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1 de Marzo de 2008
Salud pública

Fluoración, de nuevo a examen

El flúor ha demostrado su eficacia preventiva de la caries. Sin embargo, cuando se administra en exceso puede aumentar el riesgo de alteraciones dentales, óseas, cerebrales y metabólicas.
Antes de los apasionados debates sobre
el tabaquismo, el DDT, el amianto
o el agujero de la capa de ozono, la cuestión ambiental y de salud pública que preocupaba a los estadounidenses era la fluoración. En la segunda mitad de siglo pasado, centenares de poblaciones repartidas por todos los estados de la Unión vivieron enconadas batallas sobre la conveniencia de añadir fluoruros --compuestos que contienen iones de flúor-- a la red de suministro de agua. Uno de los bandos cerraba una amplia coalición de científicos (de todos los sectores, público y privado) que propugnaban que la adición de fluoruros al agua potable contribuiría a prevenir la formación de caries dentarias. En el bando contrario, otros activistas criticaban la ausencia de estudios científicos sobre los riesgos de la fluoración; consideraban que tal práctica equivalía a una medicación obligatoria y que constituía, en consecuencia, un atentado contra las libertades civiles.
Los defensores de la fluoración consiguieron llevarse el agua "fluorada" a su molino, en parte, mediante la ridiculización de organizaciones de ultraderecha (la sociedad John Birch, por ejemplo) que sostenían que la fluoración no era más que un complot comunista para intoxicar a los norteamericanos. En la actualidad, alrededor del 60 por ciento de la población de EE.UU. (46 de las 50 ciudades principales) bebe de su grifo agua fluorada. La fluoración se ha introducido también en Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda. En todos esos países, lo mismo que en EE.UU., quienes han criticado tal medida han sido tratados con desdén por los investigadores y los organismos oficiales, que los han tildado de chiflados o de retrógrados fundamentalistas. (En otros países, en cambio, la fluoración del agua es escasa y controvertida.) Los Centros estadounidenses de Control y Prevención de Enfermedades consideran la fluoración del agua uno de los diez grandes logros sanitarios del siglo xx, parejamente con las vacunas y el control de la natalidad.

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