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1 de Abril de 2016
Historia de las matemáticas

El legado matemático de Lewis Carroll

Un siglo y medio después de la publicación de Alicia, las obras matemáticas de su autor siguen asombrando por su riqueza y originalidad.

Ilustración de «Una merienda de locos», tercer capítulo de Alicia en el país de las maravillas. [© ANDREW HOWE/ISTOCKPHOTO]

En 1855, Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898) comenzó a enseñar matemáticas en el Christ Church College de la Universidad de Oxford. Su trabajo consistía en preparar a los hombres de la institución (pues todos eran varones) para los exámenes de la materia. Bajo el pseudónimo de Lewis Carroll, Dodgson publicó Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas en 1865, hace ahora 150 años, y A través del espejo en 1871. Sin embargo, fue también autor de numerosos trabajos y de hasta diez libros de matemáticas.

En algunos de ellos expuso métodos inusuales, como trucos aritméticos y de cálculo mental rápido. En otros presentó ideas innovadoras que presagiaron avances que solo verían la luz en el siglo XX, como su teoría de los sistemas electorales. Con excepción de dos de esos libros, sus obras fueron publicadas por la editorial Macmillan. Uno de sus fundadores, Alexander Macmillan, fue durante 35 años amigo y editor de confianza de Dodgson.

Lo que unifica la obra de Carroll es el humor y colorido con que adornaba las distintas manifestaciones de sus amplios intereses matemáticos, sobre todo en geometría y en lógica. Los libros de Alicia abundan en ejemplos sobresalientes. En el capítulo «Una merienda de locos», por ejemplo, la Liebre de Marzo, el Sombrerero, el Lirón y Alicia giran alrededor de la mesa del té e intercambian sus asientos, una situación que remeda la aritmética modular, con los números situados en un círculo en vez de en una línea. Carroll concibió el primer uso moderno de los actuales árboles lógicos, una técnica gráfica para determinar la validez de argumentos complejos que bautizó como «método de los árboles». Con ello, contribuyó al desarrollo de métodos automáticos para resolver problemas lógicos enmarañados. Fiel a su estilo, los enigmas que Carroll soluciona con sus árboles toman nombres extravagantes, como «El problema de los tenderos en bicicletas» o «El problema de los cerdos y los globos».

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