Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Abril de 2016
Taxonomía

El rompecabezas de la clasificación

Muchas fichas de los especímenes conservados en los museos lucen nombres impropios.

THOMAS FUCHS

Se la llame como se la llame, una rosa siempre huele bien; pero, fragancia aparte, su nombre científico es Rosa gallica, y así debería denominarse en las colecciones botánicas. Pero más de la mitad de los especímenes vegetales conservados en los herbarios podrían estar etiquetados incorrectamente, y el problema podría afectar a otro tipo de colecciones, según un estudio publicado en Current Biology.

Para averiguar cuán generalizado se halla el problema del etiquetaje incorrecto, investigadores de la Universidad de Oxford y del Real Jardín Botánico de Edimburgo analizaron las etiquetas de 4500 especímenes de malagueta y afines (Aframomum) y más de 49.000 especímenes de campanillas (Ipomoea) como casos de estudio. «Hemos descubierto que al menos la mitad de los nombres de esos especímenes son sinónimos o impropios», explica el botánico Robert Scotland.

Los errores de nomenclatura surgen probablemente cuando los biólogos y los conservadores de las colecciones clasifican muestras de una especie sin consultarlo antes con colegas de otras instituciones. En otros casos, la muestra aparece designada únicamente por su género si de buen principio el nombre de la especie no se consignó o se ignoraba, una simplificación que el equipo de Scotland consideró incorrecta. Y aunque creen que el problema es más grave en las colecciones botánicas que en las de animales vertebrados, sospechan que los equívocos abundan también en los armarios de cajas entomológicas.

Algunos expertos, entre ellos Barbara Thiers, directora del Herbario Steere del Jardín Botánico de Nueva York, cree que el cálculo de la mitad de las plantas es exagerado. Pero tanto Thiers como Scotland coinciden en que la escasez de fondos para la gestión de las colecciones convierte en una tarea titánica la clasificación precisa de los miles y miles de especímenes. Los esfuerzos colectivos, como las bases de datos virtuales The Plant List, FishNet y ZooBank, pueden ayudar a resolver el problema.

Pero ¿tiene sentido todo ese alboroto? Los nombres erróneos pueden interferir con el estudio de un ser vivo y entorpecer los esfuerzos de conservación. «Si no sabemos el nombre correcto de una planta o de un animal, no hay manera de salvarlo», asegura Thiers.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.