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1 de Abril de 2016
Sostenibilidad

Seis mil millones de africanos

¿Cómo hacer frente al alarmante futuro demográfico de África? La solución: dotar a las mujeres de una mayor autonomía.

Ante un grupo de mujeres, una consejera de la ONG Marie Stopes International enseña medidas de planificación familiar, como los anticonceptivos de urgencia, en un hospital de Rabai, Kenia. [JONATHAN TORGOVNIK, GETTY IMAGES]

En síntesis

Si África no reduce la natalidad, en 2100 su población podría alcanzar entre 3000 y 6100 millones, un valor muy superior a los 1200 millones actuales. El inesperado aumento amenazará los ya frágiles recursos del continente y del resto del planeta.

Las mujeres deben lograr mayor autonomía educativa, económica, social y política para reducir la natalidad. También deben tener un acceso fácil y asequible a los anticonceptivos. Con esa estrategia integrada, Mauricio ha reducido la fecundidad de 6 a 1,5 hijos y Túnez de 7 a 2.

Por su parte, los varones deben dejar de tomar unilateralmente la decisión de tener hijos y poner fin a los abusos contra las mujeres que quieren controlar su maternidad.

Para que las iniciativas den fruto, los líderes políticos han de fomentar el debate público en torno a las medidas para mitigar el crecimiento demográfico.

La Tierra es un lugar finito. Un mayor número de habitantes implica una mayor competencia por los recursos. Pese al progresivo aumento de la población, la evolución demográfica de las últimas décadas ha sido alentadora. A escala mundial, las mujeres actuales dan a luz a una media de 2,5 hijos, la mitad que a comienzos de los años cincuenta. En el 40 por ciento de las naciones del planeta, el índice de fecundidad es igual o menor que el nivel de reemplazo necesario para que los descendientes puedan relevar a sus progenitores, una cifra que corresponde a 2,1 hijos por mujer.

Pero luego está África, donde cada mujer da a luz a un promedio de 4,7 hijos y la población crece a un ritmo casi tres veces superior a la del resto de la humanidad. El continente que vio nacer a nuestra especie afronta un futuro preocupante. La fecundidad (el número de hijos nacidos vivos que concibe una mujer a lo largo de su vida) es elevada en la mayoría de sus 54 países. Los africanos siempre han valorado la familia numerosa como una cuestión de estatus y la consideran una fuente de mano de obra para las labores del campo, aparte de un medio para compensar la elevada mortalidad infantil. Pero hoy sobreviven más bebés que nunca, y estos, a su vez, se convertirán en padres. Más de la mitad de los casi 1200 millones de habitantes del continente son niños y adolescentes, un hecho que derivará en una expansión demográfica nunca vista por la humanidad. Los demógrafos calculan que a finales de siglo la población de África se triplicará o cuadriplicará.

Durante años, los pronósticos dominantes situaban la población africana alrededor de los dos mil millones en 2100. Los modelos suponían que los índices de fecundidad disminuirían de forma rápida y sistemática. En realidad, el decrecimiento ha sido lento y esporádico. Hoy, Naciones Unidas vaticina cifras abrumadoras, que oscilan entre 3000 y 6100 millones de personas. Incluso los cálculos más prudentes de organismos como el Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados, en Austria, ven a África con 2600 millones. En los últimos años, la ONU ha incrementado gradualmente su predicción promedio de la población mundial para 2100 desde 9100 millones en 2004 hasta los actuales 11.200 millones. El crecimiento imprevisto procede en su mayor parte de África.

El aumento desmesurado de la población amenaza el desarrollo y la estabilidad del continente. Muchos de sus habitantes viven en países que carecen de suelos fértiles, recursos hídricos abundantes y Gobiernos competentes. La creciente pugna por los alimentos y los puestos de trabajo podría desa­tar conflictos y, a su vez, ejercería presión sobre los recursos alimentarios, hídricos y naturales del planeta, especialmente si los africanos abandonan en masa sus países natales, algo que ya está sucediendo. Hasta el 37 por ciento de los adultos jóvenes del África subsahariana afirma querer migrar a otro país debido principalmente a la falta de trabajo.

El continente necesita una nueva estrategia para frenar el crecimiento demográfico, mantener la paz y la seguridad, mejorar el desarrollo económico y preservar la sostenibilidad ambiental. Y el mundo no puede permitirse escatimar tales esfuerzos. Entre 1960 y 1990, las fundaciones y las agencias de ayuda internacionales apremiaron a los Gobiernos africanos para que «hicieran algo» con respecto al fuerte crecimiento poblacional. Básicamente, ese «algo» consistió, por un lado, en una inversión en programas de planificación familiar sin integrarlos en otros servicios sanitarios y, por otro, en proclamas oficiales que afirmaban que, en materia de familia, «cuanto más reducida, mejor». Sin embargo, desde mediados de la década de los noventa la cuestión se silenció. Sacar a relucir el crecimiento de la población como un problema pasó a considerarse una falta de sensibilidad cultural y un asunto políticamente espinoso. Los donantes internacionales cambiaron de ángulo y se volcaron en promover la reforma general de la asistencia sanitaria, con la lucha contra el sida y otras enfermedades mortales como prioridad.

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