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  • Investigación y Ciencia
  • Diciembre 2016Nº 483

Informe especial Estado de la ciencia global 2016

Comunicación

Ciencia y medios: ¿círculo vicioso o virtuoso?

Un bucle de retroacción que puede causar distorsiones o resultar constructivo.

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El pasado 27 de junio, el químico José Jaime Barrera Moreno fue acuchillado en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde trabajaba. Pocos días después, el asesinato fue reivindicado por Individualidades Tendiendo a lo Salvaje (ITS), un grupo anarco-primitivista que se ha atribuido una cadena de ataques a universidades y centros tecnológicos llevados a cabo en México en la última década. En sus comunicados en Internet, ITS apunta el dedo contra la ciencia, que considera buque insignia de la guerra desencadenada por los humanos contra la naturaleza, a la cual pretenden responder con sus ofensivas.

Esos mensajes citan a autores adscritos al transhumanismo, corriente de pensamiento a la que pertenecen, por ejemplo, el experto en nanotecnología K. Eric Drexler, el informático de Google Raymond Kurzweil o el cofundador de Sun Microsystems Bill Joy. Según los transhumanistas, la ciencia estaría empujando a la humanidad hacia una «singularidad», después de la cual los humanos se liberarían de sus límites naturales, alcanzando objetivos como la vida eterna o la transferencia de la mente a un chip [véase «Más que humanos», por Hillary Rosner; Investigación y Ciencia, noviembre de 2016]. Los mismos autores plantean también escenarios distópicos como la destrucción de la naturaleza por parte de nanomáquinas (grey-goo) o la subyugación de los humanos por inteligencias artificiales.

Los miembros de ITS parecen haberse tomado en serio esas especulaciones futuristas. Naturalmente, no puede atribuirse a esos textos ni a sus autores ninguna responsabilidad sobre atentados injustificables. Sin embargo, es evidente que la hiperbólica narrativa del transhumanismo sobre la potencia de ciertos avances tecnocientíficos influye en las motivaciones de los violentos. Es más, constituye un marco empleado sistemáticamente por los medios —y por muchos científicos— como una sugestión sobre los posibles beneficios de ciertas investigaciones.

¿Es esa la única manera de atraer la atención del público sobre cuestiones científicas? Para explicar qué es la nanotecnología, por ejemplo, ¿es imprescindible recurrir a la imagen de un enjambre de nanomáquinas omnipotentes? Chris Toumey, antropólogo de la ciencia de la Universidad de Carolina del Sur, presenta una alternativa. Inspirándose en un cuento de ciencia ficción, imagina unos sabios islámicos del futuro debatiendo si sería halal (permitido por la religión) o no comer carne de cerdo obtenida sin sacarla del animal, sino construida átomo a átomo a partir de ingredientes inertes. Esta narrativa resulta igual de atractiva que la de los transhumanistas, pero no evoca escenarios catastróficos y, sobre todo, se adhiere mucho más a las problemáticas reales de la nanotecnología. En lugar de angustiarse con el grey-goo o ilusionarse con una supuesta inmortalidad, quizás habría que centrarse en asuntos más pedestres, como, por ejemplo, la introducción de nanopartículas de plata en calcetines para que eliminen las bacterias, con el riesgo de que también penetren en las células o se liberen al medio.

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