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  • Diciembre 2016Nº 483
Historia de la ciencia

Historia de la ciencia

Einstein y la prensa: una relación tumultuosa

En 1919, Einstein deviene una celebridad. Su figura atrae a los medios de comunicación, en especial al New York Times. El físico descubrirá pronto el poder que tienen, así como los peligros que plantean.

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El 2 de diciembre de 1919, Albert Einstein concedió una de sus primeras entrevistas al New York Times. Apenas un mes antes, el 6 de noviembre, el astrónomo británico Frank Dyson había presentado los resultados de dos expediciones que, durante el eclipse del 29 de mayo del mismo año, habían medido la desviación de la luz de una estrella por el Sol. Los resultados confirmaban una de las tres predicciones de la teoría de la relatividad general, enunciada por Einstein en 1915. La prensa difundió inmediatamente la noticia convirtiendo a Einstein, de la noche a la mañana, en una celebridad sin precedentes.

«La teoría de Einstein triunfa», anunciaba en titulares el New York Times del 10 de noviembre. El diario precisaba que el alcance de la victoria no estaba claro porque, como admitía el propio físico alemán, solo una docena de sabios en todo el mundo entendían su teoría. Tres semanas después, en la entrevista del 2 de diciembre, Einstein se mostraba más didáctico y explicaba que sus ideas cristalizaron tras ser testigo de un trágico accidente: «Einstein expone su nueva teoría. Espacio y tiempo no tienen un carácter absoluto, sino relativo a un sistema en movimiento. [...] Como Newton, se inspiró en una caída, pero no la de una manzana, sino la de un hombre de un tejado».

El artículo continuaba: «Años atrás, por la ventana de su biblioteca, Einstein vió despeñarse a un hombre de un tejado. El hombre contó después que durante la caída no había experimentado la sensación que normalmente asociamos a la gravedad, la cual, según la teoría de Newton, le habría atraído violentamente hacia el suelo». La anécdota, impactante, acentuaba el contraste entre la complejidad de una teoría accesible solo para unos pocos iniciados y la banalidad de una observación al alcance de cualquiera —pese a que nadie la había interpretado como Einstein.

Esa jugada maestra fue el debut de una relación ambigua, compleja y tumultuosa con el New York Times. Einstein iba a descubrir, a su pesar, que la comunicación mediática no se limitaba a la publicación de imágenes atractivas. Así lo indica el estudio de los miles de artículos que el rotativo dedicó tanto a sus hallazgos científicos como a sus apariciones públicas o declaraciones políticas.

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