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1 de Diciembre de 2016
Política

El control sobre el periodismo científico

La Agencia Federal de Fármacos y Alimentos estadounidense ha estado presionando a los medios para que renuncien a su independencia. Otras instituciones siguen el mismo camino.

SÉBASTIEN THIBAULT

Fue un pacto fáustico y que hizo revolverse a los redactores de la Radio Pública Nacional (NPR) estadounidense. El trato era el siguiente: junto con un selecto grupo de medios, la NPR quedaba invitada a una rueda de prensa en la que la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos (FDA) les anunciaría algo importante un día antes que al resto; a cambio, la FDA dictaría a quién podía entrevistar el periodista de la NPR y a quién no.

«Mis directores se sienten incómodos con la exigencia de no buscar reacciones», replicó Rob Stein, de la NPR, a los empleados del Gobierno que le ofrecían el trato. Stein pidió un poco de margen para hacer algo de periodismo independiente, pero su propuesta fue rechazada de plano: o lo tomaba o lo dejaba.

La NPR aceptó. «Estaré en la rueda de prensa», escribió Stein. Más tarde, ese mismo día de abril de 2014, se presentó en un edificio del Gobierno federal junto con otros periodistas de más de una docena de medios de primera fila, entre ellos la CBS, la NBC, la CNN, el Washington Post, el Wall Street Journal y el New York Times. Cada uno de los presentes había aceptado no hacer preguntas a fuentes no autorizadas por el Gobierno hasta tener el visto bueno para ello.

«Creo que los embargos que intentan controlar las fuentes a las que se puede consultar son peligrosos porque limitan el papel del informador, cuyo trabajo consiste en prestar atención a todos los aspectos de un tema», opina Margaret Sullivan, antigua defensora del lector del New York Times. «Es realmente inapropiado que una fuente le diga a un reportero con quién puede hablar y con quién no.» Ivan Oransky, del Instituto de Periodismo de la Universidad de Nueva York y fundador del blog Embargo Watch, es del mismo parecer: «Creo que está profundamente mal».

Ese tipo de trato, conocido como «embargo reservado» o «confidencial» (close-hold embargo), constituye una herramienta cada vez más usada por los organismos científicos y gubernamentales para controlar el comportamiento de la prensa científica. O eso parece. En realidad, es imposible saberlo, ya que casi todo ocurre entre bastidores. Conocemos la propuesta de la FDA por una frase atravesada que dejó caer una redactora del New York Times. Pero, de no ser por esa grieta, nadie ajeno al pequeño grupo de funcionarios gubernamentales y periodistas de confianza se habría enterado de que estos últimos habían renunciado a su independencia.

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