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Estrategias de los progenitores en la alimentación de las crías

Las aves responden a la demanda de comida de sus polluelos mediante una conducta compleja que depende de factores ecológicos, como la predictibilidad y la calidad del alimento.

La focha americana (Fulica americana) cambia de estrategia de alimentación de sus inquietos y vistosos polluelos a mitad de la crianza. De principio alimenta al pollo más próximo, lo cual le confiere de manera automática una ventaja competitiva a los de mayor tamaño (nacidos antes). Pero una vez que la inanición se cobra la vida de uno o dos de los más débiles, los progenitores invierten su favoritismo y alimentan preferentemente a los supervivientes más frágiles, llegando en ocasiones a agredir a los más fuertes. [Michael L. Baird/Wikimedia Commons/CC BY SA 2.0]

En solo quince días, cada ave progenitora habrá traído consigo al nido unas 2000 presas. El alimento convierte a los débiles y diminutos recién nacidos en emplumados volantones hasta veinte veces más grandes. Cada vez que uno de los progenitores se posa en el nido es recibido por gestos y sonidos de demanda. Pero, ¿son esas señales realmente ruegos? Y si no lo fueran, ¿qué significado tendrían?

Durante un cuarto de siglo se ha aceptado la idea de que cada polluelo expresaba así su necesidad con honestidad, y los padres, en consecuencia, alimentaban primero a los más débiles. Ahora, Shana M. Caro, de la Universidad de Oxford, y sus colaboradores anuncian en Nature Communications que podría tratarse de una visión simplista. Han descubierto que, en muchas especies, los padres marginan deliberadamente a los más débiles para que la despensa familiar sacie el hambre de los demás. De este modo, mientras que los polluelos de ciertas especies piden, otros alardean. Las señales emitidas por la descendencia a los progenitores son consideradas un paradigma de prueba sobre las ideas de la comunicación animal en general, por lo que las conclusiones de Caro y sus colaboradores podrían dar un vuelco a la situación.

El modelo de la «señal de necesidad» fue propuesto en 1991 como una variante sugestiva y matemáticamente elegante de un argumento anterior concebido para explicar los llamativos rituales de cortejo animales. Según el «principio del hándicap», el pavoneo del macho durante el cortejo se ve restringido por el coste de la señal (el riesgo de caer presa de los depredadores limita el tamaño de la cola del pavo real), por lo que solo los mejores machos pueden lucir esas galas.

Pero en la petición de alimento, esa lógica básica se invierte, puesto que las gravosas señales son emitidas principalmente por los más desvalidos. Esta teoría supone que los hermanos más fuertes desisten de emitir las señales. Tal cesión del protagonismo se puede explicar por la selección familiar (los individuos hacen gala de comportamientos que son costosos para sí mismos pero ventajosos para sus familiares), pero solo si el beneficio indicado —en este caso, más sobrinos y sobrinas— resulta inminente. Esta suposición de compensación indirecta fue ignorada cuando los empiristas de campo y de laboratorio se lanzaron al estudio de la petición de alimento. La bibliografía estalló: antes de la publicación de la hipótesis de la «señal de necesidad», la búsqueda en el servicio de información científica Web of Science de las palabras clave offspring («descendencia») y begging («petición de comida») daba como resultado un contado número de artículos; a partir de 1992 se cuentan por cientos, la mayoría favorables a ella.

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