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Actualidad científica

  • 23/01/2018 - Zoología

    Oleadas de muerte

    Una desconcertante mortandad acabó en Asia Central con decenas y decenas de miles de antílopes saiga. La causa, y no es la primera vez que actúa, se atribuye al doble impacto de las condiciones meteorológicas y de las bacterias.

  • 23/01/2018 - Sueño

    Ojos dormidos, pupilas inquietas

    Descubren que la abertura del iris fluctúa durante el sueño. Ello podría evitar el desvelo y favorecer procesos cerebrales como la consolidación de la memoria.

  • 22/01/2018 - Neurociencia

    Para el cerebro, el estilo de música también importa

    El cerebro de un pianista de jazz funciona de manera diferente que el de uno de música clásica, aunque toquen la misma canción.

  • 21/01/2018 - Ciencias de la Tierra

    Mordor submarino

    Un paisaje que recuerda al de la obra de Tolkien se oculta bajo el mar a lo largo de la costa meridional de Australia. Demuestra que alrededor del continente no siempre hubo la misma estabilidad tectónica que hoy.

  • 19/01/2018 - Arqueología

    Las heces presentes en esqueletos antiguos permiten identificar los parásitos descritos en los primeros textos médicos

    Mediante el análisis de restos arqueológicos se ha determinado a qué especies de gusanos parasitarios corresponden las descripciones realizadas por la escuela hipocrática

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  • Investigación y Ciencia
  • Diciembre 2016Nº 483
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Reseña

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Primatología

Obra de Yerkes

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PRIMATES IN THE REAL WORLD
ESCAPING PRIMATE FOLKLORE AND CREATING PRIMATE SCIENCE
Georgina M. Montgomery
University of Virginia Press, 2015

Los chimpancés comparten con los humanos un 98 por ciento del material genético. Pero los humanos han creado religión, ciencia, arte, filosofía y técnica. Durante largo tiempo se pensó que tales diferencias marcaban una divisoria clara e infranqueable. ¿Lo es? ¿En qué medida?

La escena, en el Parque Nacional de Amboseli de Kenia, es, sin duda, impresionante y significativa, hasta el punto de convertirse en una imagen plástica de la evolución de la primatología hasta nuestros días: como en un camposanto, se disponen ordenadas en hilera las tumbas de 17 babuinos asesinados por masáis, que vengaron así la muerte de varias cabras a manos de los primates. Fueron los investigadores los que rindieron ese homenaje a quienes consideraban, en sentimientos y emociones, casi pares. Los hechos sucedieron en 2009.

Hasta llegar a ese punto, la ciencia de la primatología vino precedida por una larga etapa de mitos y leyendas que prendieron en el imaginario popular. Los primates han reclamado desde siempre la atención de zoólogos, naturalistas, aventureros, poetas y escritores. Edward Tyson, experto en anatomía comparada, dedicó ya en 1699 un libro a las semejanzas y diferencias entre el hombre y el orangután: Orang-outang, sive Homo sylvestris —en realidad, se trataba de un chimpancé—. Sostenía que, a diferencia de otros primates, poseía un cerebro poderoso, similar al humano, y un hígado indiviso. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, Johann Friedrich Blumenbach y Charles White aportaron unas descripciones coloristas de la anatomía de los primates con anotaciones sobre su conducta; los machos aparecían como agresores sexuales que atacaban a las mujeres. White llegó a escribir que de tales cópulas nacía descendencia.

La publicación de la teoría de la evolución de Darwin y el debate en torno a ella pusieron el foco de atención en los primates. The origin of species, The descent of man, and selection in relation to sex y The expression of the emotions in man and animals se convirtieron en lecturas obligadas. En esa trilogía se hacía evidente la intención del autor de establecer una continuidad en el reino animal. Para Darwin, la diferencia entre primates y el hombre era de grado, no de clase.

Hacia 1920, Robert Mearns Yerkes encarriló a la primatología en la senda de la ciencia. Había que descubrir la biología básica de los primates, su reproducción, cognición y conducta social. Urgía crear métodos para observaciones prolongadas de los primates en su medio natural. Yerkes recabó la financiación y creó el marco institucional y académico requerido. En un principio, trabajó con primates en cautividad, pero los estudios en esas condiciones precarias resultaban sesgados. Solo en su hábitat podían los científicos explicar el comportamiento de los individuos y la interacción con otros miembros del grupo y con otras especies.

Yerkes se había doctorado en psicología en 1902 por Harvard, con un trabajo sobre las reacciones sensoriales y la fisiología nerviosa de las medusas. En Harvard prosiguió como docente de psicología comparada hasta 1917. En sus primeros trabajos se interesó por la capacidad sensorial de las ranas y por la herencia del comportamiento en los ratones. Escribió por entonces una Introduction to psychology, un manual para las clases. Sería la primera de una serie de valiosas aportaciones a la disciplina. Vio en los primates una extensión de su investigación sobre el comportamiento de los ratones. Y así, en 1916, ideó un laboratorio donde explorar si los primates pensaban y razonaban, para, en caso afirmativo, descubrir los procesos implicados. Diseñó un aparato de elección múltiple e ideó problemas de apilamiento de cajas, amén de numerosas técnicas para el estudio de la inteligencia de los primates. Estableció los laboratorios de Yale de biología de los primates en New Haven en 1925.

A finales de los años veinte se produjeron los dos primeros intentos de estudiar primates en la naturaleza. Harold Bingham se centró en los gorilas y Henry Nissen en los chimpancés. Pero carecían de técnicas e instrumentos adecuados, por lo que fracasaron. Fue Clarence Ray Carpenter quien, a comienzos de los treinta, desarrolló herramientas novedosas y eficaces. Estudiando primero monos de Panamá y luego gibones de la jungla de Tailandia, Carpenter puso las bases de una investigación rigurosa en la naturaleza: desde la determinación de los individuos que conformaban un grupo hasta la interpretación de relaciones sociales complejas y el reconocimiento de las comunicaciones.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los estudios primatológicos sufrieron un parón. Duró hasta el verano de 1958, cuando la Sociedad Zoológica de Nueva York organizó una conferencia para debatir la posibilidad de una expedición de campo para el estudio de los primates africanos. Entre los asistentes, Carpenter, Stuart Altmann, John Emlen, George Schaller y Harold Coolidge. De la reunión salió la determinación de que Emlen y Schaller emprendieran un trabajo de campo de un año sobre gorilas de lo que ahora es la República Democrática del Congo. Emlen resistió medio año. Se quedó Schaller, quien computó 466 horas de observaciones y publicó datos abundantes sobre la población, ecología y conducta del gorila de las montañas. Clasificó a los gorilas de acuerdo con la edad y sexo; describió las caras de los individuos y los esbozos de las marcas de su nariz que le permitían identificarlos. En 1963 publicó The mountain gorilla: Ecology and behavior.

Siguiendo los pasos de Schaller, Diana Fossey estudió los gorilas de Virungas desde 1967 hasta su asesinato, en 1985. Fossey incorporó a la población local indígena. Conocida es la repercusión en la opinión pública de Gorillas in the mist y su alegato contra los furtivos. La inclusión de lugareños en las investigaciones de campo cumplía una importante función práctica (observación continua), al tiempo que facilitaba la comunicación entre la comunidad local y los investigadores.

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