Temperamento animal

La personalidad individual tiende a amoldarse a la dinámica del grupo.

THOMAS FUCHS

Como cualquier propietario de un animal de compañía afirmará, los humanos no somos los únicos dotados de personalidad. Y ese rasgo no se limita a los perros y los gatos.

En los últimos años se ha descubierto que los miembros de numerosas especies, desde los cangrejos ermitaños hasta las ratas o ciertos peces, hacen gala de un temperamento propio, esto es, demuestran diferencias de comportamiento permanentes en el tiempo y ante diversas situaciones.

Pero ¿cómo afectan las situaciones sociales a la personalidad de cada individuo? Christos C. Ioannou, biólogo de la Universidad de Brístol, y sus colaboradores han intentado averiguarlo recurriendo al espinosillo (Gasterosteus aculeatus), un pequeño pez habitante de las aguas salobres que bañan las costas del hemisferio norte. En la naturaleza, han hallado tanto individuos como grupos sociales, lo que los convierte en especímenes perfectos para el estudio de la personalidad en entornos diversos, afirma Ioannou.

Los investigadores tomaron 80 peces y los introdujeron bajo una cubierta protectora en un extremo del acuario. En el lado opuesto depositaron un poco de comida. Cruzar el acuario supone un movimiento arriesgado para el espinosillo, pues la posibilidad de ser cazado siempre es superior en las aguas abiertas.

Cada pez se comportó del mismo modo con el paso de los días. Los más osados no tardaban en abandonar su refugio para saciar el hambre; los tímidos vacilaban más y nadaban por el acuario con más cautela. Pero cuando se depositaron diez espinosillos juntos bajo la cubierta, la personalidad de cada cual se desvaneció. A semejanza de los humanos, los más atrevidos actuaron como líderes del grupo, aunque haciendo gala de prudencia. «Los primeros salieron con relativa rapidez, pero parecían saber que nadie más los secundaba, por lo que aguardaron a que otros se les sumaran», explica Ioannou. Cuando después se los separó del grupo, cada pez recobró su personalidad original. Los resultados vieron la luz en septiembre en Science Advances.

Los nuevos hallazgos sugieren que la dinámica del grupo aplaca la personalidad de los integrantes. Los autores afirman que es la primera vez que esa supresión se ha vinculado explícitamente con una causa subyacente: la necesidad de consenso cuando es preciso tomar una decisión arriesgada.

Los investigadores de la personalidad animal se han centrado tradicionalmente en los individuos ignorando su comportamiento en grupo, mientras que los estudiosos del comportamiento colectivo han priorizado los grupos relegando a un segundo plano las diferencias individuales, según el etólogo de la Universidad de St. Andrews Mike Webster, ajeno al estudio. «El auténtico logro de este trabajo es que aúna ambas corrientes de investigación», lo cual demuestra que la personalidad de cada animal es a la par flexible y persistente, opina.

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