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1 de Diciembre de 2016
Sistema solar

Una esperanza de acceder al agua de Europa

El vapor que parece brotar de la luna de Júpiter promete una vía para explorar su océano subsuperficial.

CORTESÍA DE LA NASA, LA ESA y KURT RETHERFORD/INSTITUTO DE INVESTIGACIONES DEL SUDOESTE

Un nuevo estudio publicado en el Astrophisical Journal sugiere que el océano subsuperficial de Europa, la helada luna de Júpiter, podría estar expulsando chorros intermitentes de vapor de agua. El hallazgo lleva a pensar que el océano, el cual se cree situado bajo una capa de hielo que podría alcanzar los 100 kilómetros, tal vez sea más apto para la vida de lo que se pensaba. Y también más accesible para los astrobiólogos: según William Sparks, primer autor del artículo y astrónomo del Instituto para la Ciencia del Telescopio Espacial, la existencia de géiseres en Europa «plantea la posibilidad de explorar su océano en busca de sustancias orgánicas o incluso de señales de vida sin tener que perforar a través de un número indeterminado de kilómetros de hielo». Los surtidores indicarían, además, que el interior de Europa alberga una potente fuente de calor capaz de sustentar seres vivos.

Con ayuda del espectrógrafo del telescopio espacial Hubble, Sparks y su equipo observaron Europa diez veces entre finales de 2013 y principios de 2015, mientras el satélite pasaba por delante de Júpiter. Al estudiarlo en el ultravioleta (una frecuencia en la que la superficie de este mundo se muestra oscura), los investigadores buscaron indicios de chorros de vapor, definidos por el contraste con el brillante y liso paisaje nuboso de Júpiter. Un intenso procesamiento de imágenes reveló lo que parecían ser tres sombras que se elevaban sobre el borde meridional de la luna. Si se tratase de géiseres —y no de un efecto espurio causado por los instrumentos del telescopio— los expertos calculan que podrían contener varios millones de kilogramos de agua, la cual ascendería hasta unos 200 kilómetros sobre la superficie.

Spark reconoce que es frustrante que los resultados de su equipo sean tan nebulosos. «Estas observaciones están en el límite de lo que el Hubble puede ver», explica. «No estamos diciendo que hayamos descubierto géiseres, sino solo indicios de tal actividad.» En 2014, la revista Science publicó resultados similares, pero observaciones posteriores parecieron indicar que los brotes, o habían cesado, o nunca habían estado allí. Britney Schmidt, planetóloga del Instituto de Tecnología de Georgia que no participó en la investigación, sostiene que la probabilidad de que estas observaciones reflejen un efecto real es la misma que la de las últimas detecciones.

La cautela está justificada: la presencia o ausencia de géiseres en Europa podría alterar de manera drástica el futuro de las exploraciones interplanetarias y condicionar el destino de miles de millones. Al respecto, la NASA y la ESA ya están pensando en enviar misiones a la fascinante luna joviana para la década de 2020.

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