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El mundo cóncavo

¿Es posible rebatir teorías descabelladas? ¿O realmente vivimos en la superficie interior de una esfera hueca?
© iStockphoto / stefan klein
Muchos creadores y seguidores de teorías e ideas que no arraigan se consideran "científicos incomprendidos". Se comparan, entre otros, con Cristóbal Colón o con Robert Mayer (1814-1878), uno de los introductores de la primera ley de la termodinámica. Confían en que al final se les hará justicia, lo mismo que sucedió con sus personajes incomprendidos. Verdad es que Colón y Mayer atinaron pese a sus errores y conclusiones ilícitas. Por el contrario, también hay teorías desfasadas, la mecánica de Aristóteles o la química del flogisto, a las que simplemente se tiene por erróneas y por eso se subestiman los logros de sus creadores.
La situación de las "teorías del mundo cóncavo" es diferente. Son absurdas, sin más. Pero al menos una de ellas no se deja rebatir. Y resulta instructiva cuando se reflexiona sobre la didáctica y la teoría de la cognición.

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