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Propulsión a chorro. Un poquito más

El motor de propulsión a chorro se basa en principios físicos archiconocidos.
© iStockphoto / stefan klein
Corro hacia mi vuelo de enlace, presuroso muestro mi pasaje justo a tiempo y por fin me abro paso hasta mi asiento. El avión se separa de la puerta de embarque y el motor se revoluciona. A la vez que suspiro con alivio, atisbo por la ventana y me pregunto: ¿Y qué me va a propulsar hasta la troposfera? La respuesta para la mayoría de los aviones comerciales de hoy es "unos motores turbofan", lo último de una evolución que dura decenios. Primero fueron los turborreactores, ya obsoletos; luego los turbohélices, que se encuentran todavía en aviones pequeños. El gran avance de los turbofan (turboventiladores) es que la hélice está remplazada por un ventilador interior a la nacela (la barquilla o envuelta del motor); buena parte del aire de admisión puentea las entrañas del motor y proporciona empuje simplemente por la compresión que le produce el ventilador.

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