Energía y cambio climático

El calentamiento global es innegable. Para limitarlo, habrá que modificar las técnicas energéticas y adoptar políticas diferentes a las actuales.
Siglo tras siglo, exploradores extenuados, presas del escorbuto, han fracasado en su empeño de encontrar un "paso del Noroeste", un camino entre el Atlántico y el Pacífico a través de los hielos árticos. Pero dentro de 40 años, o quizá mucho antes, unas temperaturas mayores podrían hacer realidad el sueño de Francis Drake y el capitán Cook, y dejar expedita una ruta comercial que compita con el canal de Panamá.
La apertura de vías de navegación por el Artico figuraría entre los efectos benignos del cambio climático acelerado. Por el contrario, la fusión de los glaciares, las alteraciones de la corriente del Golfo y las olas de calor sin precedentes nos encaminan hacia catástrofes: inundaciones, plagas, huracanes, sequías; hasta la urticaria de la hiedra venenosa se vuelve más intensa. Cada mes se acumulan informes y artículos sobre los daños que ocasiona el aumento del nivel de carbono en la atmósfera. En un estudio reciente se enumeran los riesgos que corren el coral y otros organismos marinos; en otro, se atribuye al calentamiento un súbito aumento de los incendios naturales en el oeste de EE.UU.

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