Una chatarra de política climática

El reciente plan de renovación automovilística ejemplifica la falta de prudencia al tratar sobre la reducción de CO2.
Matt Collins
El Plan Renove estadounidense (Cash for Clunkers) entraña un aviso para el futuro del control del cambio climático. El programa en cuestión consistió en pagar hasta 4500 dólares a quienes reemplazaran su viejo automóvil por otro nuevo de menor consumo. Una primera intención fue impulsar la renqueante industria automovilística; y otra, o al menos eso se alegó, mitigar el cambio climático retirando de la circulación los vehículos viejos con altas emisiones de carbono. Se invirtieron miles de millones de dólares sin explicarnos qué íbamos a recibir a cambio de nuestro dinero.
El principio rector para mitigar el cambio climático es la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2) procedente de la combustión de carburantes fósiles, a un nivel concreto con el mínimo coste neto para la sociedad. Hay muchas maneras de reducir las emisiones: utilizar el coche de forma más eficiente o conducir vehículos propulsados por electricidad; producir electricidad con fuentes de energía renovables; captar el CO2 de las centrales eléctricas y almacenarlo en formaciones geológicas; reanudar el sector de la energía nuclear; adaptar las viviendas a las inclemencias climáticas para que consuman menos energía en calefacción y aire acondicionado... La lista es larga, con diferentes perspectivas temporales, costes e incertidumbres.

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