Conectividad ecológica

Un mapa global de los movimientos de los mamíferos entre áreas protegidas revela cuán conectadas están las reservas naturales.

[Amanda Montañez]

Para encontrar nuevas parejas y fuentes de alimento, los mamíferos salvajes a menudo deben aventurarse entre áreas protegidas. Los conservacionistas llevan tiempo pidiendo que se designen «corredores ecológicos» para facilitar y hacer más seguros sus desplazamientos. Sin embargo, hasta ahora no se conocía bien la ubicación de las rutas más importantes y si las condiciones que imperan en ellas favorecen o dificultan tales viajes.

Un reciente estudio publicado en Science revela que dos tercios de las sendas más transitadas continúan desprotegidas. Según los autores, reducir ciertas presiones humanas podría resultar más eficaz para potenciar las conexiones que aumentar la superficie preservada entre las reservas actuales.

Los científicos examinaron datos sobre los movimientos de 624 individuos pertenecientes a 48 especies de mamíferos, desde jaguares en Sudamérica hasta jirafas en África, y emplearon un método denominado teoría de circuitos para crear un mapa global de las rutas entre áreas protegidas. La mayor parte de los trabajos previos se limitaban a analizar si esas áreas estaban conectadas, pero el nuevo estudio también se ocupó de las condiciones a lo largo de las rutas seguidas por los mamíferos, incluidas aquellas que atravesaban terrenos de uso residencial, agrícola, pe­cuario o forestal.

El equipo evaluó si las áreas protegidas estaban bien conectadas o aisladas unas de otras, una información que podría servir a los gestores del suelo para salvaguardar a los mamíferos amenazados por la pérdida y degradación del hábitat. «Debemos mantener esas poblaciones y asegurarnos de que las reservas naturales no se conviertan en islas en mitad de un mar de usos humanos del suelo», sentencia Angela Brennan, científica conservacionista de la Universidad de la Columbia Británica y primera autora del artículo.

Los autores hallaron que reducir a la mitad la huella humana en una región, adoptando medidas como disminuir el uso agrícola o integrar árboles y arbustos en los pastos, aumentaría la conectividad (en promedio) en un 28 por ciento. Por otro lado, si se preservara un 50 por ciento más de territorio, el incremento ascendería al 12 por ciento. Y adoptar ambas estrategias podría elevar la conectividad de las áreas protegidas en un 43 por ciento.

El estudio emplea «datos reales y potentes métodos analíticos para ayudarnos a entender la conectividad», valora Nick Haddad, ecólogo de la Universidad Estatal de Míchigan que no participó en el trabajo. «Con solo mejorar los terrenos existentes, aunque estén ocupados por personas, y hacerlos más accesibles para los animales, ya se lograría aumentar las conexiones entre áreas protegidas.»

<strong>Conectividad por países. </strong>La medición del aislamiento de las áreas protegidas (AAP) de cada país o territorio revela patrones regionales e irregularidades. En general, África posee una conectividad bastante alta en comparación con Europa, por ejemplo. Sin embargo, algunas naciones de la misma región o bioma presentan valores de AAP muy distintos. Así, las áreas protegidas de Nigeria están mucho más desconectadas que las de sus vecinos Benín o Camerún. Y aunque los países asiáticos presentan algunos de los valores de AAP más elevados, ciertos casos atípicos (como Brunéi, donde gran parte del territorio está protegido) ofrecen abundantes conexiones para los mamíferos migratorios.

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