La farmacia del mar

Las sustancias que algunos organismos marinos producen como medio de defensa podrían convertirse en medicamentos vitales.

En las praderas de fanerógamas marinas, los investigadores buscan sustancias de interés terapéutico. [Devin Oktar Yalkin]

En síntesis

Numerosos fármacos autorizados tienen su origen en el mar, y proceden de animales
invertebrados.

Antes se pensaba que los invertebrados habían creado estos compuestos como modo
de defensa. Pero en las pasadas décadas se ha descubierto que la mayoría los producen microbios que viven en simbiosis en los tejidos animales.

Los investigadores se están centrando ahora en la enorme fuente de medicamentos que suponen los microorganismos marinos. La metagenómica está ayudando a identificar las moléculas de interés que estos producen.

Pedro R. L., de 75 años, recibió la noticia que él y su familia ansiaban después de seis largos ciclos de quimioterapia: la leucemia linfocítica crónica había remitido por completo. Por desgracia, cuando aún estaba en plena recuperación, contrajo la COVID-19. Ingresó en el Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid el 30 de enero de 2021. Los tratamientos iniciales fracasaron y el 25 de febrero su situación empeoró por culpa de una neumonía grave. En ese momento, el médico responsable, Pablo Guisado, recomendó probar con la plitidepsina, un potente antivírico que es objeto de un ensayo clínico de fase 3 como tratamiento para pacientes covídicos hospitalizados. 

La plitidepsina procede de un lugar por el que pocos farmacéuticos comenzarían a buscar: el fondo marino de Es Vedrá, un islote deshabitado situado frente a la costa sudoccidental de Ibiza. Corría 1988 cuando PharmaMar, una empresa farmacéutica de Madrid, organizó una expedición al lugar, un peñón escarpado que, según se cuenta, pudo inspirar la fábula recogida en La Odisea sobre las sirenas, cuyo canto embelesaba a los marineros atrayéndolos hacia una muerte cierta. En el curso de las inmersiones en su arrecife, rebosante de corales púrpura y de gorgonias rojas, los investigadores extrajeron un animal invertebrado de aspecto anodino en un talud rocoso de 36 metros de profundidad. Era la especie Aplidium albicans, un tunicado traslúcido de color amarillo pálido cuyo aspecto recuerda a un puñado de pañuelos de papel usados. 

El interés por los tunicados se explica por su modo de alimentación: bombean agua sin cesar a través de su cuerpo cilíndrico y filtran el plancton, de modo que, junto con este, ingieren virus y otros patógenos. No es de extrañar que necesiten potentes defensas químicas para mantener a raya a los microbios, lo que convierte a estos seres en una fuente interesante donde buscar medicamentos. 

En 1990, PharmaMar había aislado un compuesto de A. albicans que demostró ser activo contra células tumorales y virus cultivados. La empresa eligió la primera vía porque los medicamentos antineoplásicos suelen ser más rentables que los antivíricos. Después de décadas de estudios y pruebas, en 2018 Australia aprobó la plitidepsina como tratamiento contra el mieloma múltiple.

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