Mares dinámicos

Un conjunto detallado de datos físicos y químicos está ofreciendo una nueva visión del mar.

[Jen Christiansen]

Si en Internet buscamos «zonas del océano», veremos cientos de ilustraciones que muestran el mismo perfil vertical. La delgada capa superior corresponde a la zona epipelágica, bañada por la luz del sol, que recibe luz suficiente para que el fitoplancton, las algas y algunas bacterias lleven a cabo la fotosíntesis. Por debajo se halla la zona mesopelágica, donde la luz se desvanece pero aún permite que algunos animales vean, y donde muchos emiten luz propia mediante la bioluminescencia. A continuación, se encuentra la zona batipelágica, sin luz detectable, seguida por los abismos gélidos de la zona abisal. Por último, en el lecho marino se abren fosas y cañones aún más profundos que conforman la zona hadal, cuyo nombre deriva de Hades, el dios griego del inframundo. 

En esta visión clásica, la cantidad de luz y la presión del agua (que aumenta de manera uniforme con la profundidad) condicionan las formas de vida que habitan en cada zona. No hay duda de que esos factores son importantes, pero también lo son la temperatura del agua, la salinidad, la cantidad de oxígeno y nitrógeno y las corrientes cambiantes. Los datos recopilados en todo el mundo indican que la dinámica de los mares y de la vida marina es mucho más compleja de lo previsto, así que nos deparan más y más sorpresas conforme ahondamos en ellos.

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