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1 de Mayo de 2000
Fisiología

La cadencia del reloj biológico

Los organismos se ajustan, en su mayoría, a ritmos cronométricos de 24 horas. La genética nos ha revelado parentescos entre los relojes moleculares de la mosca del vinagre, del ratón y del hombre.

La luz que incide en el ojo frena la síntesis de melatonina en la glándula pineal. Según parece, esa hormona interviene en la inducción del sueño. La señal para reducir la secreción de melatonina se transmite desde la retina, vía nervio óptico, al núcleo supraquiasmático (NSQ). La conexión del NSQ con la glándula pineal es indirecta. [Cynthia Turner]

Hay que hacer un auténtico esfuerzo para no quedarse dormido a las siete de la tarde. El apetito sentido a las tres desaparece a la hora de la cena. Nos despertamos a las cuatro de la madrugada, sin posibilidad de seguir dormidos. Son situaciones que conocen muy bien quienes viajan de Nueva York a San Francisco. En general, con motivo de unas vacaciones de una semana o por traslados de negocios, cuando el organismo se ha acostumbrado ya al nuevo horario es el momento de volver a casa y retomar la rutina.

En mi laboratorio, un grupo de moscas Drosophila viaja también de Nueva York a San Francisco, o al revés, aunque en vuelo simulado. En vez de terminales de aeropuerto hay sendas incubadoras, del tamaño de un frigorífico, donde se lee, en una, "Nueva York" y, en la otra, "San Francisco". Las luces de las incubadoras se encienden y se apagan en el momento en que sale o se pone el sol en esas ciudades. (Por razones de coherencia, hemos puesto el orto a las seis de la mañana y el ocaso a las seis de la tarde, en ambas urbes.) Y hemos fijado la temperatura de las incubadoras en 22 ºC.

Las moscas emprenden su viaje simulado en el interior de pequeños tubos de vidrio, ajustados dentro de bandejas que controlan sus movimientos con un haz de luz infrarroja. Cada vez que una mosca atraviesa el haz, proyecta una sombra en un fototransmisor, conectado a su vez a un ordenador que registra la actividad. El ir de Nueva York a San Francisco no implica ningún vuelo real de cinco horas para los insectos. Nos limitamos a desconectar la bandeja de una incubadora, la trasladamos a la otra y conectamos.

Nos servimos del argot transcontinental para identificar y estudiar las funciones de varios genes que parecen ser los engranajes del reloj biológico que controla los ciclos de día y noche en una gama amplia de organismos. Incluimos en éstos la mosca del vinagre, el ratón y el hombre. La identificación de tales genes nos permite determinar las proteínas que cifran, proteínas que podrían convertirse en diana del tratamiento de diversas afecciones, desde trastornos del sueño hasta depresiones estacionales.

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