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Computadoras de ADN para el trabajo y el juego

Puertas lógicas modulares construidas con ADN, residentes en nuestro torrente circulatorio, podrían adoptar decisiones conjuntas y tomar medidas concernientes a nuestra salud. Por el momento, logran, in vitro, jugar a las tres en raya.

Para un químico moderno, la estructura del ADN de nuestros genes no encierra nada de particular. Esta molécula posee una conocida importancia para la vida, pero desde el punto de vista de los químicos no es más que una doble hélice uniforme y carente, casi por completo, de comportamiento funcional propio. Tal vez cause sorpresa, pues, saber que la molécula sirve de fundamento de un campo de investigación tan fecundo cuan extraño, que tiende puentes entre la química de síntesis, la enzimología, la nanotecnia estructural y las ciencias de cómputo.

Hemos construido, valiéndonos de esta nueva ciencia, versiones moleculares de puertas lógicas aptas para funcionar en disolución acuosa. Cuando construimos estos módulos de computación mediante ADN teníamos las miras puestas en el desarrollo de máquinas nanoscópicas que pudiesen residir en seres vivos, detectar posibles enfermedades o deficiencias, adoptar decisiones fundadas en tales datos y tomar a su cargo acciones como la liberación de medicamentos o la destrucción de determinadas células.

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