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Interfaz entre el cerebro y la máquina

¿Hasta dónde llegará la interfaz entre el cerebro y la máquina? ¿Podremos alguna vez conducir directamente a nuestro cerebro la última anotación de un blog e informaciones similares?

El género ciberpunk de fantasía científica nacido en los años ochenta del siglo pasado presentaba una retahíla de "implantes neurales" que enlazaban directamente al cerebro un dispositivo informático. "Cientos de megaoctetos se almacenaban en mi cabeza", proclamaba el protagonista de Johnny Mnemónico, relato de William Gibson que se convertiría luego en una película sin relieve interpretada por Keanu Reeves.

Lo curioso de este género —aparecido en los tiempos en que un megaocteto todavía embelesaba— era que juntaba la cultura retro, marginal, con técnicas que parecían sobrepasar, siquiera en algún grado, la capacidad del más avezado experto en biomedicina. Aunque esos implantes no se hubieran podido reproducir en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) ni en el Instituto de Tecnología de California (Caltech), los habilidosos escritores ciberpunk lograban hacer creer que sus fantasías podrían materializarse algún día, tal vez en vida del lector.

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