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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2018Nº 496
Libros

Reseña

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Asombro cotidiano

El día a día como atalaya para entender el universo.

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¿POR QUÉ A LOS PATOS NO SE LES ENFRÍAN LOS PIES?
LA FÍSICA DE LO COTIDIANO
Helen Czerski
Paidós, 2017
 
No es este exactamente un libro de ciencia recreativa, si bien busca el placer del conocimiento en las cosas comunes y que nos permiten generalizar el fenómeno observado a otros ámbitos menos domeñables. El principio del saber lo situaba la Metafísica de Aristóteles en la admiración. Seguía la estela de Platón en el Teeteto, para quien la admiración era

un sentimiento propio del filósofo y el origen de la filosofía. El propio Descartes, en los albores de la ciencia moderna, compartía esa idea al incluir, en Las pasiones del alma, la admiración entre una de las seis pasiones fundamentales, definiéndola como la súbita sorpresa del alma que la lleva a considerar con atención los objetos que le parecen raros y extraordinarios.

No es otro el sentimiento que guía a Helen Czerski, profesora de física en el London College, en este libro. La fascinación de nuestra infancia por cuanto sucedía a nuestro alrededor, la de nuestros ingenuos experimentos en la cocina o en el jardín, revive en esta obra. Aquí, lógicamente, los planteamientos y las explicaciones son otros. Las observaciones más sencillas —por qué los patos mantienen calientes sus patas mientras deambulan sobre el hielo, por qué cuando se añade leche al té parece como si se formaran nimboestratos tormentosos— no solo hallan respuesta sistemática, sino que nos llevan a la universalidad de las regularidades que observamos en nuestro pequeño mundo familiar. Al darse lo mismo en nuestro laboratorio doméstico que en los confines del universo, nuestra vida diaria se erige en el mejor lugar a donde mirar si queremos llegar a conocer la realidad del mundo. Los secretos de la física se nos abren en nuestro entorno cotidiano. La autora muestra que, para entender el funcionamiento del universo, basta con prestar atención a las regularidades del día a día e imaginar modos, cada vez más refinados, de explicarlas.

El libro une, pues, en cañamazo de fondo, asuntos nimios (el aspecto rosáceo de la jalea de moras o el olor del aire previo a la lluvia) con cuestiones de alcance general. De lo familiar (manchas de café o botellas de kétchup) extrae conceptos para explicar los vientos de la Antártida, los tests médicos o futuras necesidades energéticas. Escondida en los objetos diarios y familiares se encuentra la ciencia que explica el cuerpo humano, el planeta Tierra y la forma en que procede la civilización. Somos una excepción en el mundo conocido. La luz que nos permite ver el espacio exterior constituye nuestro principal nexo de unión.

Los ejemplos escogidos continúan sorprendiéndonos. Tomemos la crepitación de las palomitas de maíz. Un grano seco de una mazorca contiene abundantes componentes nutricios (hidratos de carbono, proteínas, hierro y potasio) densamente empaquetados en el interior de la cáscara. Cada grano contiene un germen, el comienzo de una nueva planta, y un endospermo, que constituye el alimento de esta. El endospermo consta de almidón, almacenado en gránulos, y contiene un 14 por ciento de agua. Si echamos los granos en una sartén, el agua comenzará a evaporarse. A mayor temperatura las moléculas se mueven más deprisa, de modo que, a medida que se caliente cada grano, las moléculas del gas chocarán entre sí y con las paredes de la cáscara. Cuando la temperatura alcanza los 180grados Celsius, la capa exterior se abre, independientemente del tamaño y forma del grano: la presión en el interior decuplica a la atmosférica a nivel del mar. Los granos explotan produciendo un sonido característico.

¿Por qué la tostada cae del lado de la mantequilla? La rotación de la tostada comienza justamente a la mitad de la caída de la mesa. La clave reside en que, en ese momento, la gravedad atrae a la tostada entera. La tostada puede dar media vuelta, pero le falta tiempo para dar una vuelta entera; interviene la fricción del aire. El poso de una taza de té abre una ventana al estudio de los terremotos. Reparando en las burbujas y en la baba del caracol, conoceremos algo mejor la mecánica de fluidos. Si nos fijamos en el comportamiento de la leche en una taza de té, observaremos una espiral de dos fluidos que circulan uno alrededor del otro y que constituye un caso maravilloso de pauta de remolinos.

Pero el caso más familiar de mecánica de fluidos nos lo ofrece el movimiento de un huevo. ¿Sabemos distinguir un huevo crudo de uno hervido sin quitarles la cáscara? Hay una forma sencilla de hacerlo. Pongamos el huevo crudo sobre una superficie lisa y dura y hagámoslo girar. Pasados unos segundos, paremos con un dedo sobre la cáscara la rotación del huevo. El huevo podría quedarse quieto. Pero, al cabo de uno o dos segundos, podría seguir girando. El huevo crudo y el hervido, vistos desde fuera, parecen lo mismo, pero por dentro son diferentes. Cuando paramos con el dedo el huevo hervido, detuvimos un cuerpo sólido. Pero cuando paramos el huevo crudo, detuvimos solo la cáscara; el líquido de su interior no cesó y, por ello, al cabo de un segundo o dos, siguió girando. El principio físico subyacente es el de conservación del momento angular. Además, el giro del huevo revela pistas para entender las galaxias espirales.

De la lectura se infiere una enseñanza animadora para las nuevas generaciones de científicos. En una época de teoría de cuerdas y multiversos, da la impresión de que la ciencia es coto privado de especialistas y estudiosos. Nada más erróneo. Vivimos en la frontera, en el límite entre el planeta Tierra y el resto del universo. En una noche clara podemos contemplar legiones de estrellas brillantes, familiares y permanentes, hitos únicos de nuestro lugar en el cosmos. Todas las civilizaciones humanas han observado las estrellas, pero ninguna las ha alcanzado. Nuestra morada aquí en la Tierra es todo lo contrario: revuelta, mutable, llena de novedades y de objetos que tocamos y con los que nos desenvolvemos en la vida diaria. Aquí abajo es donde hay que mirar si nos interesa saber cómo funciona el universo. El mundo físico se rige por los mismos principios y consta de los mismos átomos que se combinan de manera muy dispar para producir un rico repertorio de resultados. Pero esa diversidad no es aleatoria. Nuestro mundo abunda en regularidades.

Vertamos un poco de leche en la taza de té; démosle un rápido movimiento. Observaremos un remolino, una espiral de dos fluidos en circulación sin apenas rozarse. En la taza, la espiral dura escasos segundos antes de producirse la mezcla completa de los dos líquidos. Pero fue tiempo suficiente para percatarnos de que los líquidos siguen el comportamiento de un remolino para mezclarse, en vez de fundirse de forma instantánea. Ese mismo fenómeno podrá contemplarse en otros lugares por la misma razón. Si miramos la Tierra desde el espacio, veremos vórtices similares en las nubes, creados cuando el aire caliente y el aire frío rondan uno alrededor del otro, en vez de mezclarse directamente. A mayor abundamiento, pudiera creerse que una tormenta en rotación no tenga nada que ver con una taza de té, pero la semejanza es clamorosa. Y ello es una clave que apunta hacia una realidad más profunda. Se trata de una base sistemática de todas esas formaciones, descubierta y sometida a comprobación experimental en el curso de generaciones. Y en eso consiste la ciencia.

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