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1 de Enero de 2018
Neurociencia

¿Es mensurable la consciencia?

La aplicación de impulsos magnéticos sobre el cerebro simultaneada con la medición de su actividad eléctrica parece ser un modo fiable de detectar la consciencia.

ASHLEY MACKENZIE

En síntesis

Aun teniendo a su disposición imágenes diagnósticas del cerebro, un médico puede tener dificultades para decidir si un paciente con daño cerebral grave es consciente de lo que le rodea.

Una técnica que resolviera esta carencia podría, en principio, determinar si el paciente está profundamente dormido, está anestesiado o ha perdido la consciencia a causa de una lesión cerebral.

Durante los últimos años, el desarrollo de lo que podría llamarse un «medidor de la consciencia» podría poner al alcance de los profesionales dispositivos fiables de esa índole.

Médicos y familiares podrían así tomar decisiones sobre el cuidado de miles de pacientes que son incapaces de comunicar sus deseos y necesidades.

He muerto multitud de veces. Cada noche, cuando tumbo mi agotado ser para que repose, mi consciencia se extingue. Sumido en un sueño inconexo con el mundo exterior, no experimento nada dentro de mi cuerpo durmiente hasta que mi consciencia resurge por la mañana, de vuelta al mundo que despierta.

La vida cotidiana está llena de ese tipo de experiencias. Durante mi infancia, me extirparon el apéndice y me anestesiaron; apagaron mi consciencia y, al acabar la operación, la restauraron. Un recuerdo vago de mi adolescencia me sitúa en el asiento trasero de un Renault que recorre una avenida de tres carriles en el norte de África. De improviso, el escenario cambia súbitamente. Estoy en la misma calle, pero ahora veo todo cabeza abajo. Habíamos colisionado contra un árbol; salí despedido y quedé inconsciente sobre los adoquines.

Muchos lectores conservarán recuerdos similares de pérdida y recuperación de la consciencia. Estamos habituados al ciclo diario de despertar, dormir y soñar. Pero esa experiencia no es la misma para todo el mundo. Para algunos pacientes con traumatismo cerebral, la consciencia se esfuma durante días, semanas o incluso más.

En su quehacer cotidiano, un médico puede tener dificultades para saber si alguien duerme serenamente, permanece anestesiado o sufre un daño cerebral grave. Una persona que yace con los ojos abiertos ¿está experimentando algo, sea lo que sea, o su mente consciente ha abandonado el cuerpo y no hay nadie en casa? Sería estupendo contar con una técnica que midiera la consciencia y diera respuesta a esas preguntas. A primera vista, la idea de un equivalente al manguito medidor de la presión arterial podría parecer absurda, pero los avances acaecidos en los últimos años han suscitado expectativas reales sobre detectores que cumplan los requisitos para ser medidores de la consciencia, artefactos que serían útiles en medicina e investigación para determinar si una persona conserva la consciencia, por mínima que sea, o no. Esa facultad ayudaría a médicos y familiares a tomar decisiones relativas al cuidado de miles de enfermos imposibilitados de toda comunicación.

El registro de las ondas cerebrales

Contemplar la posibilidad de un medidor de la consciencia pasa por considerar la dinámica interna de nuestra vida mental, actividad que surge y se desvanece en fracciones de segundo, lo que impone medir esas fluctuantes señales cerebrales a una escala temporal similar. La principal herramienta fisiológica para inferir el estado consciente mediante la exploración del cerebro ha sido, y sigue siendo, el electroencefalograma (EEG).

El EEG es una creación del psiquiatra alemán Hans Berger, que dedicó su vida a desvelar la relación entre la actividad cerebral objetiva y los fenómenos subjetivos. Fue el primero en registrar las ondas cerebrales de un paciente en 1924, pero, asaltado por las dudas, no publicó sus descubrimientos hasta 1929. El resto es historia, puesto que el EEG se convirtió en la herramienta fundacional de toda una disciplina médica como es la neurofisiología clínica, aunque Berger nunca obtuvo ningún reconocimiento digno en la Alemania nazi y se ahorcó en 1941, pese a haber sido nominado para el premio Nobel en repetidas ocasiones.

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