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Actualidad científica

  • 19/10/2018 - ECOLOGÍA

    La biodiversidad también puede desestabilizar los ecosistemas

    La riqueza de especies aumenta la estabilidad temporal del ecosistema, pero disminuye su resistencia frente a un aumento de la temperatura.

  • 18/10/2018 - Sordera

    ¿Restaurar la pérdida de audición?

    Experimentos realizados en ratones identifican una proteína cuya estimulación promovería la regeneración de las células sensoriales dañadas por el exceso de ruido o la edad.

  • 17/10/2018 - astronomía

    Pero ¿cómo se forman realmente los planetas?

    Como un coche que pesa el doble que el acero con que lo hicieron, los exoplanetas tienen una masa mucho mayor que el material del que surgen. Este nuevo hallazgo pone en entredicho las teorías de la formación planetaria.

  • 17/10/2018 - Comportamiento

    Por qué vivir en pareja engorda

    Los hábitos comunes que se adquieren durante la convivencia son los responsables del aumento de peso.

  • 16/10/2018 - astronomía

    Grandes penitentes de Europa

    Recuerdan a los nazarenos de una procesión, con sus ropas blancas y sus capirotes. Son unas agudas cuchillas de hielo que se juntan a cientos en neveros o campos de hielo. Y no las hay solo en la Tierra.

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  • Investigación y Ciencia
  • Enero 2018Nº 496
De cerca

Evolución humana

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Nuestro primo Neo

Un nuevo esqueleto extraordinariamente completo del enigmático Homo naledi nos permite conocer, finalmente, su antigüedad.

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En 2015, Lee Berger, de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo, y su equipo causaron gran sensación al dar a conocer más de 1500 fósiles humanos correspondientes a unos 15 individuos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, descubiertos en Sudáfrica. Era uno de los conjuntos más ricos de fósiles humanos jamás hallado, recuperado en una cámara profunda de un sistema de cuevas llamado Rising Star, cerca de Johannesburgo. El equipo atribuyó los huesos a una nueva especie, Homo naledi [véase «El misterioso Homo naledi», por Kate Wong; Investigación y Ciencia, mayo de 2016]. Mostraba una curiosa mezcla de rasgos primitivos, como un cerebro diminuto, y rasgos más modernos, como unas piernas largas. Los científicos dedujeron que era un escalador hábil, capaz de caminar grandes distancias, y que sus congéneres habrían depositado sus muertos en esta cámara de difícil acceso.

Pero, a pesar de la enorme información que aportaron los fósiles, el descubrimiento se hizo quizá más conocido por lo que no revelaban los restos: su antigüedad.

Al final se ha identificado esta pieza tan esperada del rompecabezas. En dos artículos publicados en mayo de 2017 en eLife, el equipo concluye que los restos de H. naledi tienen entre 236.000 y 335.000 años de antigüedad, una fecha sorprendentemente reciente para una especie con un cerebro tan pequeño. Los investigadores también anunciaron el hallazgo de más fósiles de H. naledi en una segunda cámara de Rising Star. Entre ellos figuraba el esqueleto de un individuo masculino adulto que apodaron Neo, que significa «regalo» en el idioma local sesotho.

Estos hallazgos plantean preguntas enigmáticas sobre el origen y la evolución de nuestro género Homo. A pesar de la temprana edad de los fósiles, las características primitivas de H. naledi  hacen que se lo relacione con miembros más remotos de nuestra familia, y se piensa que podría ser incluso un antepasado directo de H. sapiens.

Berger y sus colaboradores también señalan que las nuevas dataciones de H. naledi indican que vivió en un momento en el que nuestros antepasados construían complejas herramientas de piedra que se corresponderían con el Paleolítico medio. La mayoría de los yacimientos donde los arqueólogos las han descubierto no contienen fósiles humanos. Pero tradicionalmente los expertos han atribuido la fabricación de estos utensilios a seres humanos dotados de un gran cerebro. Sin embargo, si H. naledi vivió en esa época, como sugieren los autores, pudo también haber creado esas herramientas. En ese caso tendrá que reconsiderarse la idea de que el tamaño del cerebro determina la complejidad del comportamiento. El paleoantropólogo Mark Collard, de la Universidad Simon Fraser, en la Columbia Británica, piensa que hay una buena razón para hacerlo: «La historia de la paleoantropología está llena de suposiciones profundamente arraigadas que han sido refutadas por nuevos descubrimientos».

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