Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Rescatemos los datos antiguos

Si no actuamos pronto, se perderá un conocimiento invaluable.

© ISTOCKPHOTO/DEYANGEORGIEV

A finales del siglo XIX, los astrónomos empezaron a fotografiar estrellas mediante prismas y redes de difracción, y documentaron espectros de estrellas para conocer su composición. Tiempo después, estas placas fotográficas han servido para otro propósito: cartografiar la concentración de ozono en la estratosfera de esa época y dilucidar si son naturales ciertos cambios actuales en el agujero de la capa de ozono. Lo más difícil ha sido conseguir esas placas de vidrio. Lo sé porque pasé muchas semanas revisando colecciones en observatorios de todo el mundo.

¿Qué otros datos históricos podrían resultar útiles? Los ejemplos abundan. Los miles de cuadernos de bitácora registrados durante las travesías en barco de los siglos pasados son un regalo para el estudio de los patrones meteorológicos del presente. Las fotografías antiguas y actuales de los glaciares alarman al mundo y demuestran de manera indiscutible el cambio climático. Las historias clínicas registradas en polvorientas tarjetas perforadas, abandonadas a finales de 1950 y descifradas décadas después, han ayudado a mostrar cómo los niveles variables de colesterol predicen la aparición de una enfermedad ulterior.

Para configurar el futuro necesitamos examinar el pasado. Pero esa posibilidad se desvanece por la negligencia y los malentendidos. Pocos formatos de ese legado de información, se almacenen en placas de vidrio, papel, cintas viejas o disquetes, son de fácil acceso, así que, en la práctica, los datos que contienen están perdidos.

Las mediciones tomadas hoy, cada vez más complejas, como los macrodatos (big data), nos hablan solo del presente; las registradas hace mucho tiempo nos muestran cambios en el clima terrestre o los ecosistemas. Y los datos de pacientes de hace décadas pueden aportar conocimientos a las prácticas y políticas sanitarias actuales.

¿Por qué los científicos de todas las disciplinas no se apresuran por conservar los antiguos registros si son tan valiosos para estudiar las tendencias a largo plazo? Parte de la respuesta reside en la psicología humana. En una charla que impartí sobre la necesidad de convertir los datos de astronomía, casi perdidos, a formatos duraderos y fácilmente compartibles, un miembro de la audiencia cuestionó la labor: «Los datos modernos son mucho mejores», dijo.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.