Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Cuando las copas cantan

Frotar el borde de una copa con un dedo húmedo hace que sus paredes vibren. El fenómeno produce notas muy puras que pueden aprovecharse con fines musicales.

Dos instrumentos de vidrio: La armónica de cristal de Benjamin Franklin (izquierda) y un conjunto de copas de varios tamaños con distintas cantidades de agua. [BRUNO VACARO]

¿Quién no se ha entretenido durante alguna velada haciendo que su copa de cristal cante al pasar un dedo húmedo por el borde? El sonido resultante, ligero y delicado, posee unas incontestables cualidades musicales. De hecho, hace tiempo que los melómanos construyeron instrumentos formados por copas o tazones, y tampoco han faltado compositores que escribieran piezas para las llamadas «armónicas de cristal».

Sin embargo, cuando hablamos de sonido pensamos en una onda acústica y en vibraciones. ¿Qué es lo que vibra en este caso? ¿Qué parámetros debemos modificar para lograr notas del tono deseado? Abramos nuestros aparadores y apliquémonos a descubrir la física del canto de las copas.

 

Flexiones de la pared

Precisemos primero que una copa no es el tubo de una flauta de Pan. El sonido emitido no se debe a la vibración de una columna de aire, sino a la de las paredes del recipiente. A su vez, estas actúan sobre el aire circundante a modo de membranas de altavoz o láminas que vibran.

Así pues, para entender cómo vibra una copa, hagamos una primera prueba: frotemos una copa de cristal con el dedo o démosle un golpecito con una cucharilla. Al hacerlo, podremos comprobar que obtenemos unas notas que, al oído, son del mismo tono. ¿Qué nos indica eso? La cucharilla incide perpendicularmente sobre el borde de la copa (según el diámetro que pasa por el punto de impacto), mientras que el dedo se desliza de manera longitudinal (a lo largo del perímetro). Dado que la nota generada es la misma, hemos de concluir que la copa vibra en esas dos direcciones a la vez.

De hecho, basta con posar un dedo muy levemente sobre la copa para que el sonido se atenúe con rapidez. Ese amortiguamiento se produce con independencia del lugar sobre el que pongamos el dedo, lo que significa que en el borde de la copa no existen «nodos» de vibración; esto es, puntos que permanezcan inmóviles. Si los hubiera, al poner el dedo sobre ellos las oscilaciones no se extinguirían (véase el recuadro «Flexiones elípticas»).

Ahora hagamos una segunda prueba con una taza grande provista de asa. Coloquémosla ante nosotros de tal modo que el asa quede en la posición opuesta a la nuestra, y llamemos «norte» (N) a la dirección que define la ubicación del asa. Golpeemos entonces la taza con una cucharilla en los puntos N, O, S y E. Vemos que en todos los casos obtenemos la misma nota, lo que sugiere que esos cuatro «puntos cardinales» inducen las mismas vibraciones.

Contenidos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.