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La difusión de la obra de Cajal

Una red de fieles colegas se esforzaron por hacer llegar a la comunidad internacional los resultados del histólogo hispano.

[COLECCIÓN WELLCOME/CC BY 4.0]

En la nómina de los «grandes de todos los tiempos» de la ciencia figura Santiago Ramón y Cajal (1852-1934). Su obra histológica, con la teoría neuronal a la cabeza, continúa vigente y es citada con frecuencia. Da idea de su grandeza la carta que le dirigió el 23 de marzo de 1921 el holandés Cornelius Ubbo Ariëns Kappers, director del Instituto de Investigación Neurológica de la Real Academia Holandesa de Ciencias (en francés en el original):

 

Estimado y gran maestro:

Su carta del 15 de marzo me ha producido una gran satisfacción, que le agradezco de todo corazón.

Le estoy agradecido, además, por haberme enviado la admirable colección de sus Trabajos.

No, no me falta ningún volumen y estoy orgulloso de que mi Instituto los haya recibido de usted mismo, el más grande neurólogo que ha existido y que probablemente jamás existirá.

 

Unos comienzos difíciles

Las relaciones de Cajal con la comunidad neurocientífica internacional comenzaron realmente con su participación en el Congreso de la Sociedad Anatómica Alemana, celebrado en Berlín en octubre de 1889. Hasta entonces, se tuvo que contentar con seguir a distancia la obra de los neurocientíficos extranjeros más destacados. Sumido en la penuria económica, las obligaciones docentes y familiares, al igual que en sus propias investigaciones, él no se pudo permitir lo que algunos compatriotas suyos hicieron: marchar al extranjero para conocer personalmente a, al menos, algunos de los colegas que admiraba, y también, claro, para poder acceder a las instalaciones y materiales que poseían. Es fácil adivinar un punto de envidia, y de amargura, en una carta que escribió el 1 de enero de 1885 a uno de sus primeros discípulos, el jesuita Antonio Vicent Dolz (1837-1902), quien, desde finales de 1884, se encontraba en Lovaina para completar su formación con el citólogo Jean Baptiste Carnoy:

 

Mi querido P. Vicent,

Recibí la suya con gran contento, si bien no dudaba nunca que me escribiría usted y por ella veo lo satisfecho y complacido que usted está al lado de esos sabios.

Yo quisiera también imitarle a usted pero las circunstancias me lo impiden, teniendo que resignarme a ver y seguir aunque de lejos el movimiento científico de la Alemania y de la Bélgica […]

¡Ah! ¡Quién tuviera esos magníficos objetivos a que Fle[m]ming, Strassburger y Carnoy deben sus descubrimientos! ¡Quién pudiera poseer un Seibert 1/6 o un Zeiss 1/18! Aquí desgraciadamente las facultades no tienen material y, aunque yo me empeñara en pedir uno de esos objetivos, no me lo permitiría el decano por falta de fondos. Mucho envidio más aún esa riqueza de medios técnicos de que Vs. gozan, con la que se hace cuanto se quiere. Yo tengo que resignarme con un objetivo 8 de inmersión Verick y este gracias a que es de mi propiedad, que por la facultad no tendría más que un 5 o un 6 Nachet.

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