Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Minería y restauración ambiental en Madagascar

El gigante minero Rio Tinto hizo la ambiciosa promesa de mejorar la ecología de sus yacimientos de ilmenita en la isla cooperando con científicos conservacionistas. Y entonces sus ganancias empezaron a disminuir.

La compañía minera Rio Tinto extrae el mineral ilmenita en el bosque litoral del este de Madagascar, un ecosistema gravemente amenazado. [ED KASHI, REDUX PICTURES]

En síntesis

En 2004, la compañía minera Rio Tinto se comprometió a mejorar la ecología de sus yacimientos en las zonas más vulnerables. Empezarían en Madagascar, donde la empresa estaba extrayendo el mineral ilmenita.

Los ecologistas que trabajan en Madagascar, una tierra rica en especies que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo, se asociaron con Rio Tinto para ayudarles a cumplir su promesa.

Finalmente, Rio Tinto se retractó, lo que planteó el interrogante sobre si las compañías mineras y los ecologistas pueden colaborar de manera eficiente en temas de gestión ambiental.

En el bosque de Mandena, en Madagascar, bajo las palmas del viajero (Ravenala), con hojas que recuerdan a las del plátano, el suelo está cubierto de sus vainas de semillas de color azul eléctrico. Cuando cae la noche, los lémures ratón gris salen de las madrigueras para alimentarse de insectos, flores y fruta. Durante la estación de lluvias, se acumula agua en el lugar donde los grupos de hojas largas se unen al tronco de los pandanos. Se forma un reservorio lo bastante grande como para que pequeños bancos de renacuajos crezcan hasta alcanzar la madurez antes de que, en abril, se seque el agua. Las ranas Guibemantis annulatus, con bandas de color blanco brillante en los dedos membranosos, encuentran allí el lugar perfecto en el que criar a su próxima generación, protegida de posibles depredadores. Adornadas con manchas de leopardo y no más grandes que el pulgar de un niño, las ranas realizan una puesta pegajosa sobre el agua y permanecen vigilantes durante casi una semana, hasta que su descendencia se hunde en la diminuta charca y empieza a nadar.

Una vez en el lugar, da la impresión de que en este rincón de Mandena resulte fácil perderse. Pero por encima del dosel arbóreo se vislumbra la realidad. Tiempo atrás, el bosque alcanzaba el horizonte. Lo que ahora queda es de menor tamaño que el Parque Prospect de Brooklyn. Se tarda menos de media hora en ir caminando de un extremo al otro del bosque, encerrado entre una mina a un lado y una aldea en constante expansión al otro.

Madagascar se liberó del territorio que dio lugar a África e India hace casi 100 millones de años. Durante eones, la evolución producida como consecuencia del aislamiento dotó a la isla de una riqueza ecológica sin precedentes: cuatro de cada cinco plantas y animales no se encuentran en ningún otro lugar, un extenso abanico de especies que ocupan una variedad de nichos muy especializados. Las 83 especies de pandanos del país sirven como zonas de cría para docenas de reptiles y anfibios. Pero la relación entre este árbol y esta rana en particular ha quedado confinada a unos pocos fragmentos forestales, como el de Mandena, dispersos a lo largo de la costa sudeste de Madagascar. Dos de los tres retazos boscosos en los que todavía vive la rana se hallan en una concesión perteneciente a Rio Tinto, una de las compañías mineras más grandes del mundo.

Rio Tinto llegó a Madagascar en la década de 1980, en busca de ilmenita, un mineral que se utiliza para fabricar dióxido de titanio. Este proporciona un pigmento blanco que se emplea en toda una serie de productos, desde pinturas y plástico hasta dentífrico. En los sondeos se descubrió un filón cerca de Tolagnaro (Fort Dauphin), en el extremo sudeste de la isla. Los depósitos de ilmenita que interesan a la compañía yacen bajo los densos bosques de hoja perenne que quedan. En el pasado crecían sobre dunas de arena a lo largo de la mayor parte de la costa oriental, formando una franja continua que cubría unas 465.000 hectáreas. Desde que los humanos colonizaron la isla hará unos 2000 años, estos bosques litorales se han reducido hasta alcanzar, como mucho, un 10 por ciento de su superficie original. Por lo tanto, la concesión de Rio Tinto se extiende sobre uno de los ecosistemas más amenazados del planeta.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.