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Psilocibina producida por bacterias

Se ha modificado genéticamente E. coli para que sintetice esta sustancia terapéutica.

El hongo Psilocybe cubensis. [FORD MCCANN, SCIENCE SOURCE]

El estudio de los alucinógenos fue durante décadas un tabú, pero en los últimos años drogas como la psilocibina, el principio activo de las «setas mágicas», han demostrado en ensayos clínicos sus posibilidades como tratamiento contra trastornos tales como la depresión o la adicción a la nicotina. El cultivo de los hongos dura meses y no es práctico de cara a la producción farmacéutica, en tanto que su síntesis química es costosa y laboriosa. Ahora se ha logrado genomodificar con éxito bacterias Escherichia coli para que fabriquen este alucinógeno.

Los microbios en cuestión generan hasta 1,16 gramos de psilocibina por litro de medio de cultivo. Se trata del mayor rendimiento obtenido hasta la fecha entre todos los organismos genéticamente modificados, diez veces superior al del segundo mejor resultado. Si se aumentase la escala, el nuevo método produciría cantidades suficientes para su uso terapéutico.

En comparación con los demás métodos, «la ventaja principal es su bajo coste», explica la autora del estudio, Alexandra Adams, estudiante del grado de ingeniería química en la Universidad Miami en Ohio. Además, «es más sencillo manipular E. coli que otros microorganismos».

Con la ayuda de otros colaboradores, modificaron las bacterias para que incorporasen tres genes del hongo Psilocybe cubensis, lo que hizo posible que sintetizasen la psilocibina a partir de una molécula precursora barata y de fácil obtención, el 4-hidroxiindol. A continuación, perfeccionaron el proceso para obtener la droga a mayor escala. Dieron a conocer sus resultados en diciembre en Metabolic Engineering.

Dirk Hoffmeister, microbiólogo farmacéutico en la Universidad Friedrich Schiller y responsable de un equipo que produjo la psilocibina con un hongo genomodificado, califica el estudio como «una alternativa interesante que demuestra la viabilidad de la idea» y deja patente «las posibilidades de la biología sintética». Con todo, las bacterias genomodificadas pueden sintetizar sustancias tóxicas o alergénicas que habría que eliminar mediante purificación, afirma Hoffmeister, ajeno al estudio novedoso. Según Adams, los fabricantes pueden eludir ese riesgo recurriendo a técnicas industriales aprobadas para medicamentos que ya son producidos por bacterias, como antibióticos o insulina.

El químico farmacéutico David Nichols de la Universidad Purdue, que tampoco ha participado en el trabajo, opina que el rendimiento de la técnica es impresionante. Pero señala que la estrategia exige el empleo de una sustancia de partida especial y que sería preferible fabricar la psilocibina a partir de precursores más sencillos. El autor principal del estudio, Andrew Jones, ingeniero químico y biológico en la Universidad de Miami, se ha marcado como meta sintetizarla a partir de la glucosa. Él y sus colaboradores negocian con varias empresas la concesión de licencias comerciales para el método ideado por el equipo.

Los efectos terapéuticos de la psilocibina se perciben en algunos casos desde la primera dosis, pero como son tantas las personas aquejadas por la depresión y otros trastornos mentales, el mercado potencial para este tipo de tratamientos es muy notable. «Si se aprobara para todo lo que se está investigando, podría tener como destinataria a una parte sustancial de la población», explica Jones.

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