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  • Octubre 2016Nº 481
Apuntes

Salud mental

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¿Deprimido? Haga lo que más le guste

Ante los trastornos del estado de ánimo, las terapias que se concentran en cambiar la conducta son tan eficaces como las que modifican los pensamientos.

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Cerca de 350 millones de personas de todo el mundo sufren depresión. Los terapeutas recurren a numerosas técnicas para poner remedio a este trastorno, pero ninguna cuenta con una base científica más rigurosa que la terapia cognitivo-conductual (TCC). Esta técnica introspectiva se centra básicamente en los patrones de pensamiento, en enseñar a los pacientes a reconocer y reformular el pensamiento problemático. Ahora, sin embargo, los profesionales de la salud mental disponen de otra opción: cada vez más datos indican que la denominada terapia de activación conductual (AC) es tan eficaz como la TCC.

La activación conductual es una técnica extrospectiva con la que el terapeuta intenta modificar las acciones, más que los pensamientos. «La idea es que los actos y los pensamientos están vinculados», explica David Richards, especialista en servicios sanitarios de la Universidad de Exeter. Si, por ejemplo, un paciente valora la naturaleza y la familia, el terapeuta puede animarle a que pasee cada día por el parque con sus nietos. Con ello mejorará la gratificación por relacionarse más con el mundo exterior, cosa que puede ser especialmente difícil para las personas deprimidas, y creará una alternativa a «pasatiempos» más negativos, como darle vueltas a una pérdida. La AC existe desde hace décadas, y algunos de sus elementos forman parte de la TCC, pero hasta ahora nunca se había puesto a prueba con la magnitud y el rigor necesarios para evaluar su potencia relativa como técnica autónoma.

En uno de los mayores estudios de ese tipo, Richards dirigió una colaboración de 18 investigadores adscritos a tres centros de salud mental británicos para comparar directamente la AC y la TCC. Asignaron una de las dos terapias, de 16 semanas de duración, a 440 pacientes con depresión y examinaron sus progresos al cabo de 6, 12 y 18 meses después de iniciar el tratamiento. Tal y como revela en su artículo, publicado en línea el pasado julio en The Lancet, el equipo comprobó que ambos tratamientos resultaban igual de eficaces. Al cabo de un año, cerca de dos tercios de los pacientes de ambos grupos refirieron una reducción de por lo menos el 50 por ciento en sus síntomas.

Tales resultados podrían cambiar las directrices terapéuticas. Los pacientes deprimidos podrían comenzar con terapias más sencillas, como la AC, y buscar atención más especializada en caso de no responder a ellas. El enfoque es similar a la prescripción de medicamentos antidepresivos, cuyo porcentaje de éxito resulta comparable al de tales terapias. «Creemos que la activación conductual es un primer paso eficaz en el tratamiento y este artículo aborda ese punto», afirma George Alexopoulos, psiquiatra geriátrico de la facultad de medicina Weill Cornell, que no ha intervenido en el estudio.

Además, Richards y sus colaboradores han comprobado que los trabajadores sanitarios con menos experiencia pueden poner en práctica la AC tras un corto período de formación, lo que la convierte en una opción más barata que la TCC, que exige una gran especialización. Esa distinción podría propiciar su difusión en los países en desarrollo, donde los recursos de salud mental son notoriamente escasos.

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