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1 de Octubre de 2016
Comunicación científica

El lento despertar de la cultura científica en los medios

Poco a poco, la ciencia va abandonando los formatos televisivos elitistas para ocupar espacios dirigidos al gran público.

© KANNSMA/ISTOCKPHOTO

Cada vez que me preguntan sobre televisión me suena a viejo. Hoy toca ya hablar de medios en general, y de cultura en particular. Aunque todavía se oye en los congresos eso de «hay poca ciencia en la televisión», en mi opinión, esto es solo un síntoma. La «enfermedad» sería quizás esta: hay poca cultura en los medios, es decir, hay poca cultura en la vida, porque la vida hoy transcurre en los medios.

Un 60 por ciento de la televisión que consumen los adolescentes les llega a través de un teléfono inteligente. La mayoría de nosotros descargamos programas y podcast, compartimos enlaces, chateamos y reenviamos contenidos audiovisuales, textuales, gráficos, emocionales, etcétera.

Según la última encuesta de percepción social de la ciencia elaborada por la FECYT, solo un 15 por ciento de los españoles manifiestan un interés espontáneo por la ciencia y la tecnología, y solo un 16,4 por ciento lo muestran por temas como el arte y la cultura. Para mí, lo curioso es que ciencia y cultura vayan separadas en la estadística.

La cultura prácticamente ha desaparecido de los grandes medios. En parte, víctima de un tratamiento elitista que ha disociado de la vida de los mortales los contenidos culturales, relegándolos a la nada en materia de audiencia, a merced de la financiación pública o el patrocinio no rentable en términos económicos.

En el caso de la ciencia, además, habría que hablar de un total y completo aislamiento. Hemos soportado años de programas soporíferos donde intelectuales se doraban la píldora unos a otros. Sin embargo, mientras arquitectos, escritores, cineastas y pintores compartían pantalla, los científicos iban siempre solos. Se llegó acuñar un lenguaje visual propio para la ciencia: platós oscuros, música metálica, grafismos azules, señores despeinados con gafas, preguntas largas, respuestas incomprensibles y todo bajo un cartel que rezaba «si no eres muy listo cambia de canal».

Pero poco a poco hemos podido romper el molde, o quizá solo agrietarlo. Algunos programas se han atrevido a hacer experimentos (unos en serio como Què qui com de TV3, otros en clave de humor como El hormiguero de Antena 3); otros han lanzado una mirada transversal sobre temas científicos (Tres14 de La 2, del que me responsabilizo en buena medida) y otros han usado la ciencia como excusa para hacer un late night desenfadado (Órbita Laika de La 2).

En los últimos diez años hemos conseguido algo impensable: adaptar contenidos culturales (literatura, ciencia, arquitectura, gastronomía, etcétera) a formatos televisivos de entretenimiento (magazín, concurso) y desvincularlos de los formatos clásicos de divulgación (entrevista y documental) que parecían tener la exclusiva. Con bastante retraso, se está intentando llegar a todos los públicos, que es precisamente lo importante en un medio de comunicación «de masas», es decir, para la mayoría de las personas. Para las élites ya existen medios y canales especializados.

En definitiva, son solo pequeños pasos —por cierto, muy difíciles de promover y financiar— hacia la irrefutable demostración de que la cultura —ciencia incluida— forma parte de la vida humana, de manera que no debería estar por encima de ningún mortal; no deberíamos contarla en un lenguaje elitista, sino todo lo contrario. Sería hora ya de poner el discurso, el mensaje, al nivel de la mayoría, para evitar que esa mayoría cambie de canal. En el otro lado siempre hay fútbol, cine y entretenimiento facilón, y con eso debemos competir, nos guste o no.

Artículo incluido en

Comunicar la ciencia en el siglo XXI

    • VV. AA.

Catorce de las personalidades más destacadas de la comunicación científica en España reflexionan sobre la apasionante y compleja tarea de acercar la ciencia a la sociedad.

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