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1 de Octubre de 2016
Educación

Historia de la medicina, una asignatura pendiente en la formación de los médicos

Los historiadores reivindican la importancia de esta disciplina en los estudios universitarios de ciencias de la salud y diseñan una propuesta educativa para mejorar la situación académica de la misma.

Sala de lectura de la Biblioteca Wellcome, tras la última reforma. Esta institución londinense se considera emblemática por la riqueza de sus fondos y por sus continuos esfuerzos de renovación, al servicio de una visión de la historia de la medicina estimulante para los profesionales de las ciencias de la salud y atractiva también para públicos más amplios. [BIBLIOTECA WELLCOME, LONDRES]

Un nuevo curso acaba de empezar en las facultades de medicina. A lo largo del año, los estudiantes ampliarán sus conocimientos, teóricos y prácticos, sobre anatomía, histología, biología celular, epidemiología, fisiología, genética, patología, microbiología... Todo lo que se supone que hay que saber para poder predecir, prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades humanas. Pero ¿qué lugar ocupan en esta formación las disciplinas humanísticas como la historia? ¿Es necesario que un médico las conozca? ¿En qué sentido pueden mejorar su actividad profesional?

El lugar y el papel de la historia de la medicina en la formación médica han sido y siguen siendo objeto de recurrentes debates. Quienes defendemos su importancia, justificamos su presencia en los estudios universitarios de ciencias de la salud porque ofrece una visión integradora de las prácticas y los saberes sanitarios por encima de su fragmentación en diferentes especialidades, a la vez que revela la estrecha relación de las distintas formas de medicina con la cultura y la sociedad a la cual pertenecen. Asimismo, confiere al futuro médico una perspectiva singular, «desde fuera», sobre la salud, la enfermedad y la vulnerabilidad humanas, que refuerza su capacidad de reflexión crítica. Ello le permitirá comprender mejor, cada vez que atienda a un paciente, las variables en juego tras la queja que motive la consulta; más allá de la definición de unos síntomas orgánicos predominantes y del esclarecimiento de unas causas inmediatas del problema, podrá establecer en cada caso la dimensión antropológica y social de la enfermedad y el sufrimiento humanos. (Pensemos, por ejemplo, en las reacciones sociales que han suscitado en tiempos recientes enfermedades emergentes como el sida o el ébola. Estas, sin duda, se entienden mejor si se ponen en relación con las provocadas en un pasado más o menos lejano por enfermedades como la lepra, la peste y el mal venéreo.)

Pese al valor formativo de esta disciplina, su presencia en los programas educativos deja mucho que desear, sobre todo en la actualidad.

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