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1 de Octubre de 2016
Comunicación científica

La luz de los planetarios

De las estrellas al conocimiento y la cultura.

Sala Tornamira del Planetario de Pamplona. [Mikel Goñi / Planetario de Pamplona]

Hace ocho años, en pleno comienzo de la crisis económica, se planteó en la campaña presidencial estadounidense un debate sobre la necesidad de apoyo público a centros de promoción de la cultura científica. En concreto, un candidato republicano mencionó que un planetario era «un costosísimo proyector de transparencias». No es así, obviamente, y la propia Sociedad Internacional de Planetarios hacía notar que, en los más de 3000 planetarios que existen en todo el mundo, se produce un fenómeno único de invitación a la cultura científica, al descubrimiento y al conocimiento. Es signo de estos tiempos de recesión económica el cuestionar algo tan básico como el papel de los planetarios, lo mismo de los museos de ciencia o incluso de todos los museos y otras infraestructuras culturales.

Hace ahora cuarenta años, cuando estaba pendiente en este país crear un futuro posible, empezaron a plantarse las bases de una red de museos de ciencia, con el esfuerzo pionero de instituciones como el Ayuntamiento de La Coruña o de la Fundación La Caixa en Barcelona. Un museo clásico de historia natural, en Madrid, conseguiría reinventarse. También en Madrid, a mediados de los ochenta, se creó un planetario que se halla ahora en pleno proceso de remodelación, pero que, como todos los museos de ciencia, ha venido trabajando y creciendo con el constante favor de un público que necesita saber algo de lo que se está descubriendo, de la ciencia que está cambiando el mundo.

Los planetarios, esas extrañas salas con una pantalla que nos rodea por encima de nuestra cabeza, han cambiado mucho, como todo lo relacionado con las tecnologías audiovisuales. Los primeros planetarios públicos (como el del Museo Alemán de Múnich) nacieron en el segundo decenio del siglo XX para ser lugares de enseñanza de una ciencia, la astronomía, que en esos años estaba proporcionando conocimiento de un nuevo mundo, un universo enorme, que los telescopios desentrañaban estudiando la luz. Contaban historias sobre el universo, presentadas al público en sesiones que producían la sensación de estar, realmente, viendo el cielo estrellado.

El centro de la sala lo presidía siempre el proyector, ese cacharro que reproducía la luz que nos llega de las estrellas. Ahora se le han añadido —o lo han sustituido— una serie de proyectores de alta resolución que permiten colocar en esa pantalla no solo el cielo, sino cualquier escena que imaginemos. Los viajes de los planetarios ya no son solo espaciales, sino que permiten adentrarnos en el mundo microscópico o acompañar a los pioneros de la aviación, viajar en el tiempo y contemplar la extinción de los dinosaurios o viajar hasta los lejanos mundos de la estrella Cervantes. Una experiencia que sigue apostando por la divulgación y el entretenimiento. Por la cultura.

Artículo incluido en

Comunicar la ciencia en el siglo XXI

    • VV. AA.

Catorce de las personalidades más destacadas de la comunicación científica en España reflexionan sobre la apasionante y compleja tarea de acercar la ciencia a la sociedad.

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