La paradoja de Huntington

El gen causante de una devastadora enfermedad neurodegenerativa puede haber sido crucial para la evolución humana.

ANDREA UCINI

En síntesis

La enfermedad de Huntington, un grave trastorno genético que afecta al cerebro, se debe a una mutación en la que algunos nucleótidos (las letras del código genético del ADN de una persona) se repiten demasiado.

Diversos estudios han reconstruido la historia evolutiva del gen afectado: surgido por primera vez hace más de mil millones de años, aún hoy se halla presente en la mayoría de las especies.

La enfermedad podría ser una desgraciada consecuencia del proceso evolutivo. El aumento del número de letras del código del gen parece facilitar el desarrollo del sistema nervioso.

Las letras repetidas del código van aumentando con el paso de las generaciones. Cuando un individuo acumula cierto número de repeticiones surgen los movimientos incontrolados propios de la enfermedad.

Durante 15 años, las aseguradoras británicas han estado de acuerdo en no usar la información sobre los genes de sus futuros clientes a la hora de determinar su idoneidad para la contratación de ciertas pólizas de vida. Esta moratoria contiene una sola excepción. En algunos casos, la compañía aseguradora puede tener en cuenta el hecho de que el contratante sea portador del gen de la enfermedad antes conocida como corea hereditaria crónica y hoy denominada, sin más, enfermedad de Huntington.

Tener la constancia de que la prueba genética es positiva permite a las aseguradoras saber que, mientras no se tome ninguna medida, lo más probable es que la causa de la muerte del solicitante sea la enfermedad de Huntington
—una posibilidad cuyo grado de certeza es muy superior al de otros factores que también se suelen considerar, como el hábito de fumar, beber o conducir una motocicleta. Quien herede el gen defectuoso empezará a sufrir cambios de humor y alteraciones de la memoria justo en la flor de la vida, entre los 30 y los 50 años, si bien dichos cambios pueden aparecer más tarde. Más adelante, los síntomas empeorarán y serán más numerosos, con espasmos y movimientos incontrolados, acompañados de una forma de andar inestable antaño llamada «baile de san Vito». Poco a poco, el cuerpo irá perdiendo todas sus funciones, los movimientos se volverán más lentos hasta llegar a la inmovilidad absoluta y la persona acabará sucumbiendo.

Desde hace años se sabe que una aberración en el gen de la huntingtina es la causante de la enfermedad. Todos los humanos somos portadores de la huntingtina por su importancia para el desarrollo del sistema nervioso antes de nacer. Pero su gen muestra sutiles diferencias entre los individuos, diferencias que explican por qué unas personas enferman y otras no.

Una región del gen contiene un triplete de nucleótidos (las letras del código del ADN, en concreto C-A-G) que se repite muchas veces, uno a continuación de otro. En las personas sanas, el número de repeticiones oscila entre 8 y 35. Si es mayor, el individuo acabará padeciendo la enfermedad, cuyo nombre rememora a George Huntington (1850-1916), el médico que la describió por primera vez. Basta para ello con una sola copia defectuosa del gen (de las dos que heredamos, una de cada progenitor), y los descendientes del afectado tienen una alta probabilidad (un 50 por ciento) de ser portadores del gen. Fruto de ese patrón hereditario, en Europa y América uno de cada 10.000 individuos está afectado.

También sabemos que los síntomas de la enfermedad se deben a la muerte de las neuronas del cuerpo estriado y de la corteza, regiones del cerebro que controlan los movimientos corporales y las funciones cognitivas superiores. Por consiguiente, el grueso de la investigación sobre la enfermedad se centra en averiguar cómo las versiones del gen dotadas de un gran número de repeticiones provocan ese tipo de lesiones y en desarrollar fármacos que detengan el avance implacable de los síntomas.

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