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1 de Octubre de 2016
Comunicación científica

La universidad y los blogs de divulgación científica

Pese a no ser valorada por la Administración ni por parte de la Academia, la labor divulgadora de los investigadores entraña un gran valor y potencial.

© DOUG-BERRY/ISTOCKPHOTO

Hasta hace pocos años, la divulgación científica escrita era coto privado de algunas revistas publicadas en papel. Ahora, todo ha cambiado. La irrupción de los blogs de divulgación y el auge de las redes sociales ha provocado que el mundo 2.0 sea uno de los principales medios de divulgación de la ciencia. En los últimos tiempos se ha producido un espectacular incremento del número de bitácoras colectivas y personales que divulgan, con estilos muy diferentes, todas las ramas del conocimiento. Dentro de los blogs científicos, un grupo especial lo componen aquellos cuyo autor es un profesional universitario que compagina su labor docente e investigadora con la divulgación. ¿Por qué son especiales? Por sus ventajas e inconvenientes.

Entre las primeras destacan aquellas que repercuten tanto sobre la institución como sobre el propio investigador. El profesional universitario que se lanza a la aventura de la divulgación abriendo un blog científico puede retroalimentarse de él. La presencia en el mundo 2.0 le permite difundir sus resultados entre otros grupos de investigación o en el tejido empresarial mediante vías distintas a las «oficiales». Fruto de esos vínculos establecidos entre universidades y empresas se han firmado acuerdos de colaboración de gran importancia. Un caso muy reciente es la concesión, por parte del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad), de un proyecto de investigación sobre productos lácteos dotado con casi un millón de euros en el que participan empresas y centros de investigación. La presencia entre estos últimos de la Universidad de Murcia es debida a la difusión en el blog Scientia de las labores investigadoras realizadas por el grupo científico al que pertenece su autor. Lo más curioso es que, para divulgar dichos trabajos, el responsable del blog, un servidor, utiliza personajes que aparecen en la trilogía de El Señor de los Anillos. El uso de estas herramientas permite que un artículo científico leído por unos pocos especialistas llegue, con un leguaje más asequible, a decenas de miles de personas, y ello con resultados inesperados.

Pero no es oro todo lo que reluce en el mundo de los blogs universitarios. A pesar de que la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación contempla la promoción de las labores de divulgación, en la actualidad estas no se valoran a nivel curricular. Ello hace que muchos divulgadores pertenecientes a instituciones universitarias se estén replanteando si el esfuerzo vale la pena. Otro grave inconveniente es que la labor del profesor/investigador que divulga la ciencia no está bien vista por algunos miembros de la comunidad universitaria, para los que la divulgación no pasa de ser un mero hobby. No estoy de acuerdo. Por una parte, la sociedad tiene derecho a conocer los resultados obtenidos en proyectos de investigación financiados por fondos públicos. Por otra, la actual Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación establece la divulgación como parte de sus objetivos. Finalmente, las unidades de cultura científica existentes en las universidades no son suficientes para llevar al público todo el trabajo realizado por sus científicos.

Estimados lectores, la divulgación de la ciencia llevada a cabo por investigadores tiene un valor añadido que otras fuentes de divulgación no poseen. No obliguemos a todos los científicos a divulgar, pero no pongamos trabas a aquellos que deciden dar el paso. Sus bitácoras son una herramienta muy valiosa para llevar el progreso científico a la sociedad. Como decía aquel... «todo suma».

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