Razonamientos impecables, decisiones equivocadas

¿Son compatibles la aversión al riesgo y la preferencia por dejar atrás lo malo?

Sesgo hacia el futuro: Todos tenemos que pasar por experiencias desagradables en nuestra vida. La mayoría preferimos que estas hayan quedado atrás a saber que nos aguardan en el futuro. [© TRIFONENKO/ISTOCKPHOTO]

Acaba de regresar de vacaciones. Como cada verano, lo ha pasado estupendamente: descansó, comió bien y se divirtió. Mañana, sin embargo, ha de ir al quirófano. La operación no tiene riesgo, pero sabe que el posoperatorio será bastante doloroso. Simplemente pensar en lo que se avecina le llena de angustia.

Tal es su desesperación que se despierta bruscamente: son las tres de la mañana. Todo fue un mal sueño; la operación ya pasó. El posoperatorio fue doloroso, pero por fortuna ya quedó atrás. Mañana se marcha de vacaciones. Como siempre, sabe que lo pasará estupendamente. Descansará, comerá bien y se divertirá.

«¡Qué alivio!», se dice. «Suerte que la operación ya tuvo lugar y que me esperan unas felices vacaciones.» Desde luego, hubiese sido mucho peor si las vacaciones estuviesen en el pasado y su operación en el futuro.

Mejor ayer que mañana
Tal vez esta pequeña historia le parezca extraña. Quizás a usted le fuese indiferente que la operación tuviese lugar mañana y que las vacaciones quedasen atrás, o que ocurriese justo al revés. Después de todo, podría decir, en ambos casos sufrirá el dolor del posoperatorio y disfrutará de unas lindas vacaciones.

Sin embargo, la mayoría de nosotros no somos así. Nos llenaría de ansiedad saber que el posoperatorio está por llegar y sentiríamos un gran alivio al descubrir que ya concluyó.

En general, las personas solemos mostrar preferencias sesgadas hacia el futuro: preferimos que las experiencias placenteras nos aguarden en el porvenir a haberlas vivido ya, y preferimos que las situaciones negativas sean cosa del pasado a tener que sufrirlas en el futuro. Por eso, a algunos nos entristece regresar de un buen viaje. Y, de igual modo, sentimos alivio al dejar atrás una tarea desagradable.

Lo anterior no quiere decir, por supuesto, que nos resulte indiferente haber tenido experiencias dolorosas en el pasado o no. Cualquier persona sensata prefiere una vida sin posoperatorios dolorosos, pasados o futuros. Simplemente, dada la posibilidad de elegir entre haber vivido una experiencia dolorosa ayer y saber que tendrá lugar mañana, la mayoría preferiríamos haberla concluido ayer.

Si aún no se encuentra convencido, considere la siguiente posibilidad. El lunes le dicen que, o bien tendrá que pasar por una operación de dos horas sin anestesia el martes, o bien será sometido a una operación de una hora sin anestesia el jueves. Ambos tratamientos implican, sin embargo, un pequeño efecto secundario: una amnesia transitoria que, el día después, le impedirá recordar si la operación tuvo lugar el día anterior o no.

Una mañana, al despertarse, se percata de que es miércoles. En ese momento no recuerda haber pasado por el quirófano el día anterior. ¿Preferiría averiguar que la operación de dos horas fue ayer, o descubrir que la operación de una hora, menos dolorosa, ocurrirá mañana? Si se decanta por la primera opción, entonces sus preferencias están sesgadas hacia el futuro.

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