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  • Octubre 2016Nº 481
Historia de la ciencia

Historia de la ciencia

Realismo de origen sociocultural en la ciencia

Un episodio de la historia reciente muestra hasta qué punto los intereses comerciales e industriales han modelado las concepciones científicas.

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La historia del descubrimiento de la estructura en capas de la Tierra nos enseña varias lecciones sobre las distintas maneras en que pueden fraguarse las nociones científicas. Durante la primera mitad del siglo pasado, los físicos elucidaron la disposición en estratos de la atmósfera superior, o ionosfera, así como la de la corteza terrestre. Ambos relatos se parecen en numerosos aspectos. En uno y otro participaron científicos industriales y académicos; en ambos se emplearon ondas generadas artificialmente como medio de exploración (ondas de radio para la ionosfera y ondas sísmicas para la corteza); y en los dos mediaron fuertes intereses comerciales (procedentes de las industrias de la radiodifusión y del petróleo, respectivamente). Sin embargo, la similitud más importante tal vez sea epistemológica; en concreto, en lo que respecta al realismo de las concepciones físicas.

En 1924, cuatro físicos (Edward V. Appleton y Miles Barnett en el Reino Unido, y Merle A. Tuve y Gregory Breit en EE.UU.) reivindicaron el descubrimiento de la capa de Heaviside-Kennelly en la alta atmósfera. Ponían así fin a un gran enigma que databa de 1901: el primer ensayo exitoso de radiocomunicación transatlántica, logrado aquel año por Guglielmo Marconi. ¿Cómo podían las ondas de radio acomodarse a la curvatura de la Tierra y recorrer distancias tan vastas?

Poco después del experimento de Marconi, Oliver Heaviside y Arthur Kennelly habían sugerido que las ondas de radio rebotaban entre la Tierra y una hipotética capa conductora situada en la atmósfera superior, la cual sería a su vez reflectora. Mientras Appleton y Barnett ideaban una técnica que cambiaba la frecuencia de las señales de radio para producir interferencias, Tuve y Breit inventaban el radiosondeo, consistente en enviar breves pulsos de radio hacia el cielo y registrar las señales de vuelta. El mismo método alumbró pronto varios hallazgos más; entre 1925 y 1930 se descubrieron la capa inferior (D), la superior (F) y las subcapas F1 y F2 de la ionosfera.

En 1921, y de manera paralela, el geofísico británico Harold Jeffreys proponía un modelo muy idealizado de la corteza terrestre, según el cual esta se componía de dos capas, una de granito y otra de basalto. Su idea se fundaba en el análisis de distintos sismogramas registrados tras varias explosiones terrestres, en los que observó que las curvas de los tiempos de viaje se correspondían con las de dos ondas que se propagaban con velocidad uniforme en dos medios homogéneos.

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